Y estoy acá, acostado en la cama recuperándome de una fiebre que me agarró así, de repente, cuando menos me lo esperaba... tengo las cosas típicas de "persona recuperándose de fiebre" al lado: Mi vasito de agua con la tira de Paracetamol al lado, la sábana tapándome el cuerpo, la taza de té ya fría, el termómetro... cuando uno tiene fiebre no hay muchas cosas que pueda hacer, puede ver TV si quiere, pero un sábado a la tarde, si no es "El auto fantástico", no hay mucho más para ver. Puede estudiar, pero... bueno, no necesito explayarme en este punto. Y puede escribir posts en el blog para que, si me van a cagar a pedos porque no escribo nunca, al menos lo hagan en un post nuevecito, y no uno que ya tiene 35 comentarios y que encima tiene una pelea con un idiota que me pide que escuche a Los Redondos (porque saber que mi amorcito me llama nene sifón te abre muchas puertas en la vida).
Me pidieron que hable del 168, pero ese colectivo lo tomé una sola vez en la vida, sin embargo, pasé una situación muy similar a la que parece que se sufre en esa línea, ayer mismo cuando volvía de la facultad en el bendito 42.
Si usted, querido lector, no lo sabe, yo curso en Ciudad Universitaria, en el Pabellón I. Por lo tanto, el 42 que me tomo, sale de allí mismo, del Pabellón II, y cuando yo me subo, viene con la gente que levantó en su parada anterior. Lástima que en esa querida parada anterior hay, por lo menos, unas 50 personas dispuestas a viajar. Entonces, la "ventaja" de subirse casi desde donde sale se convierte en una mierda. Más aún, no solo voy apretado, sino que como cualquier colectivo que salga de Ciudad necesita, por lo menos, 15 minutos para llegar a la civilización, yo sé que por los próximos 15 minutos NADIE se va a bajar, así que me tengo que bancar ese hacinamiento.
Mi consuelo, generalmente, son los puntos de intercambio, donde uno sabe que, por lo usual, se baja la mitad del bondi. En mi trayecto, estos son: Barrancas de Belgrano y Chacarita. Si no conseguí asiento para ese momento, seguro lo consigo ahí. Lástima que, así como se bajan 20 pesonas, también suben otras 20. Pero no me importa, en el interín yo logré sentarme.
Cuando finalmente llego a mi destino, en mi caso particular, me toca tomarme otro colectivo hasta casa. Acá se viene otra odisea, porque desde Acoyte y Rivadavia donde me deja el 42, hasta mi casa, tengo unos 7 u 8 bondis que me dejan... pero mi puta mala suerte hace que en ese momento solo pasen los 2 ó 3 restantes que no me sirven!
En fin, mientras espero que mi lindo auto vuelva a los ruedos (entienden? auto... ruedos... ay, esta fiebre me está matando), no me queda otra que acostumbrarme a los colectivos... o esperar que el maldito gobierno termine las obras de la línea A del subte, así puedo tomarme uno y alivianar el viaje!
Ven lo que pasa cuando me piden una actualización y a mí no se me ocurre qué decir? Para el próximo post me invento una historia, con eso puedo robar bien por un tiempito.
sábado, abril 29, 2006
sábado, abril 01, 2006
De cómo estudiar un libro de texto aburridísimo.
Nahuel agarra su mochila, sale de su casa, y se frena en la parada del 107. Tiene los auriculares puestos, pero sabe que es por poco tiempo, porque en cuanto se suba al colectivo va a tener que detener su música. Doblando hacia Cervantes, ve acercarse a su transporte, peleando cara a cara con un 25 por ser el dueño de la calle. El 25 va ganando y frente a su magnitud, el 107 ya no se divisa, lo cual hace correr la primer gota de sudor por la frente de Nahuel: Si el chofer del 107 no ve a Nahuel - oculto por el colectivo 25 - es posible que no pare y haya que esperar a uno nuevo. Un semáforo en rojo le salva la situación y logra subirse.
Por lo general, a esa altura el 107 siempre va vacío y Nahuel lo sabe. Se acomoda en uno de los últimos asientos, contra la ventana, y mira la parada alejarse. Cree inportuno empezar ahora mismo, así que espera que pasen un par de cuadras, y que los pasajeros se acostumbren a su presencia. Entonces sí, ya es hora. Agarra la mochila, la abre y saca el libro "Sociedad y Estado de la historia argentina".
"La dificultad para incorporar a ex-combatientes a la actividad productiva acentuó... - ¿Por dónde estoy? Ah, la cárcel de Devoto, falta todavía - ...para incorporar a ex-combatientes a la actividad productiva... - uh, mirá el pedazo de mina que se está subiendo... que se siente al lado mío! que se siente, puta... se fue adelante... - incorporar a ex-combatientes a la actividad productiva acentuó los conflictos,... no me tomé el colectivo muy temprano? Nah, si no lo para la barrera llego bien... ctividad productiva acentuó los conflictos, con aumento del desempleo... pero al fin y al cabo para qué carajo estudio yo Sociedad y Estado si estoy siguiendo Medicina?? No necesito saber la historia argentina para operar de vesícula! Burocracia de mierda... acentuó los conflictos, con aumento del desempleo y la mendicidad... ¿Debería agarrar el resaltador para marcar estas cosas? Nah, después lo leo de nuevo y le marco algunas frases que parezcan importantes, por ahora le pego una primer lectura... desempleo y la mendicidad. Mientras unos pocos... a ver cuántas páginas me faltan... 2, 3, 4... ah, ta bien, 4 más para este capítulo... termino de leer este capítulo y descanso un cachito...Mientras unos pocos mbñsñasbmsñ descontento social floreció la aceptación mslñsñbñbñsmb aumentando la tensión internacional.... ta bien por ahora, y todavía ni llegue a Mosconi. Escucho un poco de música y cuando llegue agarro el libro de nuevo."
El 107 pasa la plaza de Devoto, dobla en Mosconi, pero Nahuel está durmiendo ya... para cuando Mosconi ya se hizo Olazabal, una frenada brusca lo despierta de un sobresalto. "Puta madre! Tengo que seguir leyendo! La ley de matrimonio civil y la exclusión de... a la mierda, qué pedazo de yegua que se sentó al lado mío!!! Voy a hacerme el que estoy leyendo interesado, capaz ella también está estudiando Sociedad y Estado...enseñanza religiosa msñsnsnbbbmsmñs no me ve, no me ve! La puta madre! promueve el debate entre clericales y mirame, carajo!!! MIRAME!! clericales y anticlericales o liberales. Y se baja, la puta madre... bue, en fin...Se realiza el congreso pedagógico, antecedente... uy, la puta madre, ya estoy llegando!! Bue, dale, rapidito termino de leer esto y lo guardo.antecedente de la ley 1420 mlmñsmñb Juaréz Celman bmñsns campo obrero con los socialistas. Listo."
El colectivo frena, Nahuel se baja y se encuentra con Germán, que venía por otro lado. "¿Y? ¿Estudiaste?" le pregunta Germán... "Sí, estuve leyendo un montón en el colectivo" - "Ah... yo nunca pude concentrarme en el bondi para leer", dice Germán, "mucho movimiento..." - "Y sí, es jodido, pero es cuestión de concentrarte y olvidarte del mundo alrededor".
Por lo general, a esa altura el 107 siempre va vacío y Nahuel lo sabe. Se acomoda en uno de los últimos asientos, contra la ventana, y mira la parada alejarse. Cree inportuno empezar ahora mismo, así que espera que pasen un par de cuadras, y que los pasajeros se acostumbren a su presencia. Entonces sí, ya es hora. Agarra la mochila, la abre y saca el libro "Sociedad y Estado de la historia argentina".
"La dificultad para incorporar a ex-combatientes a la actividad productiva acentuó... - ¿Por dónde estoy? Ah, la cárcel de Devoto, falta todavía - ...para incorporar a ex-combatientes a la actividad productiva... - uh, mirá el pedazo de mina que se está subiendo... que se siente al lado mío! que se siente, puta... se fue adelante... - incorporar a ex-combatientes a la actividad productiva acentuó los conflictos,... no me tomé el colectivo muy temprano? Nah, si no lo para la barrera llego bien... ctividad productiva acentuó los conflictos, con aumento del desempleo... pero al fin y al cabo para qué carajo estudio yo Sociedad y Estado si estoy siguiendo Medicina?? No necesito saber la historia argentina para operar de vesícula! Burocracia de mierda... acentuó los conflictos, con aumento del desempleo y la mendicidad... ¿Debería agarrar el resaltador para marcar estas cosas? Nah, después lo leo de nuevo y le marco algunas frases que parezcan importantes, por ahora le pego una primer lectura... desempleo y la mendicidad. Mientras unos pocos... a ver cuántas páginas me faltan... 2, 3, 4... ah, ta bien, 4 más para este capítulo... termino de leer este capítulo y descanso un cachito...Mientras unos pocos mbñsñasbmsñ descontento social floreció la aceptación mslñsñbñbñsmb aumentando la tensión internacional.... ta bien por ahora, y todavía ni llegue a Mosconi. Escucho un poco de música y cuando llegue agarro el libro de nuevo."
El 107 pasa la plaza de Devoto, dobla en Mosconi, pero Nahuel está durmiendo ya... para cuando Mosconi ya se hizo Olazabal, una frenada brusca lo despierta de un sobresalto. "Puta madre! Tengo que seguir leyendo! La ley de matrimonio civil y la exclusión de... a la mierda, qué pedazo de yegua que se sentó al lado mío!!! Voy a hacerme el que estoy leyendo interesado, capaz ella también está estudiando Sociedad y Estado...enseñanza religiosa msñsnsnbbbmsmñs no me ve, no me ve! La puta madre! promueve el debate entre clericales y mirame, carajo!!! MIRAME!! clericales y anticlericales o liberales. Y se baja, la puta madre... bue, en fin...Se realiza el congreso pedagógico, antecedente... uy, la puta madre, ya estoy llegando!! Bue, dale, rapidito termino de leer esto y lo guardo.antecedente de la ley 1420 mlmñsmñb Juaréz Celman bmñsns campo obrero con los socialistas. Listo."
El colectivo frena, Nahuel se baja y se encuentra con Germán, que venía por otro lado. "¿Y? ¿Estudiaste?" le pregunta Germán... "Sí, estuve leyendo un montón en el colectivo" - "Ah... yo nunca pude concentrarme en el bondi para leer", dice Germán, "mucho movimiento..." - "Y sí, es jodido, pero es cuestión de concentrarte y olvidarte del mundo alrededor".
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Historias Locas,
Transporte
jueves, marzo 09, 2006
De cómo saber elegir copilotos.
Usted, querido lector, debe saber, seguramente, de qué voy a hablar en esta ocasión. ¿Cómo? ¿No lo sabe? ¡Pero qué vergüenza! Eso quiere decir que no estuvo siguiendo los comentarios de mi post anterior. La verdad, lo hubiera imaginado de cualquiera menos de usted. Hagamos algo, sí? Usted vaya, léalos, y yo lo espero acá... fingimos que no pasó nada y nadie tiene por qué enterarse.
¿Ya volvió?
No, no le dije que vaya a la heladera a buscarse un sanguchito!! Le dije que vaya... mmhh... ¿Mayonesa también? Qué rico...
Bueno, ya sabe de qué voy a hablar? Perfecto, estamos en sintonía!
Como conductor de automóviles, y dado el hecho de que llevo ya la grosera cantidad de 4 años con registro de conductor, he visto ir y venir distintas situaciones, todas originadas por el famoso "Me alcanzás?" que uno quiere, e implora evitar, pero a veces no lo logra. A veces se logra zafar utilizando el viejo recurso de "Pero yo agarro la General Paz derecho, eh"... lástima que a veces, también, nuestro futuro copiloto acepta incluso ese aventón, sin importar dónde lo dejemos. Y nosotros, que en realidad ni pensábamos tomar la Gral Paz, terminamos yéndonos a la concha del mono por bocones.
Sí, a veces zafamos y podemos viajar solos... pero a veces no. ¿Y qué ocurre cuando tenemos una indeseable compañía? Dos situaciones se nos presentan, usted sabrá cuál lo identifica mejor:
* Suerte la nuestra, que nuestro infortunado acompañante se le da bien para la charla, y encima tenía un paquete de Pepas con él, que, gustoso, convida con quien le da un aventón. El viaje transcurre entre mordiscos y charlas, y se suple, así, la falta de radio que, por boludos, dejamos arriba de la mesa antes de salir de casa. Además aprendemos data interesante, porque usualmente, los conversadores están llenos de datos inútiles pero que hacen que uno piense para adentro "Qué groso". La verdad, fue una suerte que este pobre desafortunado no haya tenido quién lo alcance. ¡Y encima iba para el mismo lado que nosotros, no tuvimos que desviarnos!
* ¿Vieron esos que hablan, y hablan, y hablan, pero nunca llegan a ningún lado? Bueno, casualmente esa persona nos tocó en compañía. Le tiramos mil direcciones distintas, cada una para un lado distinto, pero no hubo forma de zafar. Sin importar qué calle le tiráramos, el encontraba un colectivo que lo dejaba justito en la puerta. Sabiendo lo que se avecina, prendemos la radio fuerte esperando que, la incomodidad de alguien más hablando por parlantes, haga que nuestra compañía se calle. Pero esto, por supuesto, no ocurre, y él se pone a charlar como si la radio no existiese, logrando que, obviamente, tengamos que bajar el volumen para escucharlo y decir un "Ajá" cada 5 minutos, girar la cabeza hacia su lado cada 3 y decir un "Y sí" cuando lo creamos conveniente. No conforme con eso, una vez que llegamos a destino, paramos mal en doble fila, nos putean por todos lados, y el policía de la esquina nos mira mal, nuestro copiloto parece no avivarse que ya llegamos y sigue charlando, tanto dentro del auto, como fuera, asomado por la ventanilla que convenientemente bajó antes de salir, pero dejó levantada durante todo el viaje, haciendo que nos caguemos de calor.
Más aún, podríamos enunciar un tercer caso, corolario del segundo, donde nuestro acompañante no abre la boca en todo el viaje haciendo que, algo que uno creería que es reconfortante, resulta terriblemente incómodo, como cuando Elaine viajó con Puddy en avión y éste no quería leer nada, sino simplemente mirar hacia adelante.
Sí, loco, para entender mi blog van a tener que empezar a ver más Seinfeld, y qué?
¿Ya volvió?
No, no le dije que vaya a la heladera a buscarse un sanguchito!! Le dije que vaya... mmhh... ¿Mayonesa también? Qué rico...
Bueno, ya sabe de qué voy a hablar? Perfecto, estamos en sintonía!
Como conductor de automóviles, y dado el hecho de que llevo ya la grosera cantidad de 4 años con registro de conductor, he visto ir y venir distintas situaciones, todas originadas por el famoso "Me alcanzás?" que uno quiere, e implora evitar, pero a veces no lo logra. A veces se logra zafar utilizando el viejo recurso de "Pero yo agarro la General Paz derecho, eh"... lástima que a veces, también, nuestro futuro copiloto acepta incluso ese aventón, sin importar dónde lo dejemos. Y nosotros, que en realidad ni pensábamos tomar la Gral Paz, terminamos yéndonos a la concha del mono por bocones.
Sí, a veces zafamos y podemos viajar solos... pero a veces no. ¿Y qué ocurre cuando tenemos una indeseable compañía? Dos situaciones se nos presentan, usted sabrá cuál lo identifica mejor:
* Suerte la nuestra, que nuestro infortunado acompañante se le da bien para la charla, y encima tenía un paquete de Pepas con él, que, gustoso, convida con quien le da un aventón. El viaje transcurre entre mordiscos y charlas, y se suple, así, la falta de radio que, por boludos, dejamos arriba de la mesa antes de salir de casa. Además aprendemos data interesante, porque usualmente, los conversadores están llenos de datos inútiles pero que hacen que uno piense para adentro "Qué groso". La verdad, fue una suerte que este pobre desafortunado no haya tenido quién lo alcance. ¡Y encima iba para el mismo lado que nosotros, no tuvimos que desviarnos!
* ¿Vieron esos que hablan, y hablan, y hablan, pero nunca llegan a ningún lado? Bueno, casualmente esa persona nos tocó en compañía. Le tiramos mil direcciones distintas, cada una para un lado distinto, pero no hubo forma de zafar. Sin importar qué calle le tiráramos, el encontraba un colectivo que lo dejaba justito en la puerta. Sabiendo lo que se avecina, prendemos la radio fuerte esperando que, la incomodidad de alguien más hablando por parlantes, haga que nuestra compañía se calle. Pero esto, por supuesto, no ocurre, y él se pone a charlar como si la radio no existiese, logrando que, obviamente, tengamos que bajar el volumen para escucharlo y decir un "Ajá" cada 5 minutos, girar la cabeza hacia su lado cada 3 y decir un "Y sí" cuando lo creamos conveniente. No conforme con eso, una vez que llegamos a destino, paramos mal en doble fila, nos putean por todos lados, y el policía de la esquina nos mira mal, nuestro copiloto parece no avivarse que ya llegamos y sigue charlando, tanto dentro del auto, como fuera, asomado por la ventanilla que convenientemente bajó antes de salir, pero dejó levantada durante todo el viaje, haciendo que nos caguemos de calor.
Más aún, podríamos enunciar un tercer caso, corolario del segundo, donde nuestro acompañante no abre la boca en todo el viaje haciendo que, algo que uno creería que es reconfortante, resulta terriblemente incómodo, como cuando Elaine viajó con Puddy en avión y éste no quería leer nada, sino simplemente mirar hacia adelante.
Sí, loco, para entender mi blog van a tener que empezar a ver más Seinfeld, y qué?
lunes, marzo 06, 2006
De cómo añorar la salita verde
¿Huelen? Tomen aire, aspiren... ahora sí, ¿Huelen? Es el olor a comienzo de clases que se puede sentir en todo el ambiente. Junto a las primeras hojas de otoño, y esa maldita angustia de que todavía falta mucho para fin de año, el olor a comienzo de clases es lo que nos trae Marzo todos los años. Ya sea primaria, secundaria, terciaria, facultad, universidad, escuela nocturna o lo que sea, todos comienzan un nuevo ciclo lectivo (nunca supe de dónde viene "lectivo" pero todos sabemos qué significa, y lo aceptamos sin cuestionárnoslo). Y esta repartija de edades trae aparejada una gran variedad de reacciones hacia el comienzo de clases.
Pues bien, si aún somos unos niñacos de 6 a 12 años, estamos por empezar la primaria, esa etapa aterradora donde el jardín en el que solo jugábamos se alejó, y esa época de acné y desarrollo púbico está aguardándonos a la vuelta de la esquina. Como decía Miguelito, tenemos que pensar en "conocer nuevos amigos, el reencuentro con los viejos compañeros, la alegría de los recreos" y el maldito tiempo que costó encontrar esos tres argumentos de porquería. ¿Pero de qué nos quejamos? Si en la primaria solo aprendemos a hacer 1 + 1, a escribir "mi mamá me mima" y para la hora de la merienda estamos ya en casa viendo al Capitán Piluso y Coquito... o, bue, Pikachu para los nenes de ahora... (no, yo no veía a Piluso, eso tampoco es mi época).
Si, en cambio, nuestra edad roza los 13 y se codea con los 17, es a la secundaria a donde nos estamos por dirigir, y ahí la cosa cambia, porque la bolita y la mancha ya no son la alegría de los recreos. Ahora se vino el estallido, y la idea es fingir que uno es adulto cuando no lo es. Decir con orgullo "no sabés, me llevé geografía previa" creyendo que uno es más groso por saber menos cuando la verdadera joda es tener materias previas en la facultad, no en la secundaria (a menos que sean de esas escuelas grosas que no voy a nombrar, pero del cual conozco mucha gente).
Pero lo jodido es si ya pasamos los 17, y acá no puedo delimitar un rango de edad porque, y me baso incluso en mí mismo para decir que, en la facultad, se puede estar toda la vida. Esta sí es la época del "no llego con lo que tengo que estudiar!", "no pueden ser tan hijos de puta!", "el profesor me odia... te juro, me tiene bronca específicamente a mí!", y tantos otros...
Acá ya no somos los niños que jugaban en la hamaca... somos los hombres que juegan en la hamaca recordando las épocas donde éramos niños que jugaban en la hamaca.
Y parece que nuestra vida es una serie de Marzos que pasan y nos encuentran angustiosos, deseando que este maldito mes no llegue nunca, y esperando que se acabe de una maldita vez, preguntándonos, a diario, "Si hay meses con 30 días, otros con 28... ¿Por qué mierda Marzo tiene que tener 31?"
Pues bien, si aún somos unos niñacos de 6 a 12 años, estamos por empezar la primaria, esa etapa aterradora donde el jardín en el que solo jugábamos se alejó, y esa época de acné y desarrollo púbico está aguardándonos a la vuelta de la esquina. Como decía Miguelito, tenemos que pensar en "conocer nuevos amigos, el reencuentro con los viejos compañeros, la alegría de los recreos" y el maldito tiempo que costó encontrar esos tres argumentos de porquería. ¿Pero de qué nos quejamos? Si en la primaria solo aprendemos a hacer 1 + 1, a escribir "mi mamá me mima" y para la hora de la merienda estamos ya en casa viendo al Capitán Piluso y Coquito... o, bue, Pikachu para los nenes de ahora... (no, yo no veía a Piluso, eso tampoco es mi época).
Si, en cambio, nuestra edad roza los 13 y se codea con los 17, es a la secundaria a donde nos estamos por dirigir, y ahí la cosa cambia, porque la bolita y la mancha ya no son la alegría de los recreos. Ahora se vino el estallido, y la idea es fingir que uno es adulto cuando no lo es. Decir con orgullo "no sabés, me llevé geografía previa" creyendo que uno es más groso por saber menos cuando la verdadera joda es tener materias previas en la facultad, no en la secundaria (a menos que sean de esas escuelas grosas que no voy a nombrar, pero del cual conozco mucha gente).
Pero lo jodido es si ya pasamos los 17, y acá no puedo delimitar un rango de edad porque, y me baso incluso en mí mismo para decir que, en la facultad, se puede estar toda la vida. Esta sí es la época del "no llego con lo que tengo que estudiar!", "no pueden ser tan hijos de puta!", "el profesor me odia... te juro, me tiene bronca específicamente a mí!", y tantos otros...
Acá ya no somos los niños que jugaban en la hamaca... somos los hombres que juegan en la hamaca recordando las épocas donde éramos niños que jugaban en la hamaca.
Y parece que nuestra vida es una serie de Marzos que pasan y nos encuentran angustiosos, deseando que este maldito mes no llegue nunca, y esperando que se acabe de una maldita vez, preguntándonos, a diario, "Si hay meses con 30 días, otros con 28... ¿Por qué mierda Marzo tiene que tener 31?"
miércoles, marzo 01, 2006
Gracias por existir, Franz Ferdinand
Las palabras no sirven, no pueden describirlo... no se puede describir la euforia en su máximo nivel con algunas palabras, nadie va a poder entender realmente lo que fue si no lo vivió. Acabo de volver del recital de Franz Ferdinand y puedo jurar que jamás fui a un recital tan GROSO como este. Porque esa es la palabra que los describe, GROSOS. Estos tipos saben lo que hacen y presumen de cómo lo hacen, pero presumen de una forma respetable. Presumen sabiendo que nosotros los vamos a dejar presumir, que les vamos a decir "Mostrá lo que sabés". Y lo muestran.
Si yo tuviera que mencionar el punto cúlmine donde se ganaron el título de grosos, y creo que cualquiera que haya presenciado el recital me acompañará en esto, tiene que ser los más de 2 minutos de batería donde no uno, no dos sino tres personas tocaban la misma batería al mismo tiempo! Mientras Paul Thomson, el baterista, le daba con ganas y sin asco al redoblante (con una baqueta en una mano y una pandereta en la otra!), al mismo tiempo otro de los músicos le daba a los platillos, mientras un tercero hacía lo propio con un bombo. ¡Todos al mismo tiempo y en la misma batería, demostrando un increíble poder de sincronización!
Franz Ferdinand, lo acepto, tiene muchas canciones similares. A veces es dificil saber de qué canción se trata hasta que empieza, pero jamás en mi vida ví una banda que, aún así, logre que cada canción sea saltada y festejada como si fuera la primera. Aún habiendo pasado ahí más de una hora saltando, cada canción nueva me devolvía las ganas de saltar como si no lo hubiera hecho antes. Y es que eso tenía Franz Ferdinand que lo destacaba de cualquier otra banda que haya visto: Alex Kapranos, el cantante, era todo un showman... sabía entretener a la gente y evitar que se aburrieran. A cada rato nos incitaba a saltar, a gritar, a aplaudir... a movernos, bah...
Hasta el que no conocía las canciones no podía dejar de moverse, era un quilombo, pero un quilombo bueno, un quilombo medido, tranquilo, pero a la vez eufórico y descontrolado.
A todo esto, en mi caso al menos, la pasión y la euforia hicieron doblete, porque Franz Ferdinand, habiendo admitido que recibió una gran influencia musical de mis queridos Queen, demostró hoy, más que nunca, la veracidad de esta afirmación. Porque Alex Kapranos, que no comparte absolutamente ningún parecido físico con Freddie Mercury, tiene una pose, una forma de actuar y unos gestos que son idénticos a los que solía hacer Freddie cuando cantaba en vivo. Estar viéndolo a él, era estar viendo a Freddie animar a su gente. Cuando desafiaba al ritmo de Auf Achse diciendo "You see her, you can't touch her" parecía Freddie diciendo "I want to break free from your life, you're so self satisfied... I don't need you", así que imaginen, los que me conocen, la alegría que sentía yo en esos momentos.
Y cuando uno creía que no podía ser mejor, Alex se para frente al público, nos cuenta que el pobre Bob (el bajista) estaba deprimido, y que la siguiente canción lo animaba... ¿Para qué? En cuanto el primer acorde de Take me out sonó, el Luna Park, lleno hasta la médula, se estremeció en un grito desaforado. La gente saltaba tan alto que costaba ver el escenario... si no fuera porque yo saltaba al igual que ellos. Quien conoce el tema, sabe que, en cierto momento, la música para y la banda grita "Take me out!". ¿Pueden imaginar lo que fueron 4500 personas gritando con todas sus fuerzas esa simple frase en el momento exacto? No, claro que no pueden, tendrían que haber estado ahí para entenderlo.
Terminé agotado, afónico, sordo y chivado hasta la médula. Pero valió la pena... ahora que lo veo, sí, valió la pena...
Si yo tuviera que mencionar el punto cúlmine donde se ganaron el título de grosos, y creo que cualquiera que haya presenciado el recital me acompañará en esto, tiene que ser los más de 2 minutos de batería donde no uno, no dos sino tres personas tocaban la misma batería al mismo tiempo! Mientras Paul Thomson, el baterista, le daba con ganas y sin asco al redoblante (con una baqueta en una mano y una pandereta en la otra!), al mismo tiempo otro de los músicos le daba a los platillos, mientras un tercero hacía lo propio con un bombo. ¡Todos al mismo tiempo y en la misma batería, demostrando un increíble poder de sincronización!
Franz Ferdinand, lo acepto, tiene muchas canciones similares. A veces es dificil saber de qué canción se trata hasta que empieza, pero jamás en mi vida ví una banda que, aún así, logre que cada canción sea saltada y festejada como si fuera la primera. Aún habiendo pasado ahí más de una hora saltando, cada canción nueva me devolvía las ganas de saltar como si no lo hubiera hecho antes. Y es que eso tenía Franz Ferdinand que lo destacaba de cualquier otra banda que haya visto: Alex Kapranos, el cantante, era todo un showman... sabía entretener a la gente y evitar que se aburrieran. A cada rato nos incitaba a saltar, a gritar, a aplaudir... a movernos, bah...
Hasta el que no conocía las canciones no podía dejar de moverse, era un quilombo, pero un quilombo bueno, un quilombo medido, tranquilo, pero a la vez eufórico y descontrolado.
A todo esto, en mi caso al menos, la pasión y la euforia hicieron doblete, porque Franz Ferdinand, habiendo admitido que recibió una gran influencia musical de mis queridos Queen, demostró hoy, más que nunca, la veracidad de esta afirmación. Porque Alex Kapranos, que no comparte absolutamente ningún parecido físico con Freddie Mercury, tiene una pose, una forma de actuar y unos gestos que son idénticos a los que solía hacer Freddie cuando cantaba en vivo. Estar viéndolo a él, era estar viendo a Freddie animar a su gente. Cuando desafiaba al ritmo de Auf Achse diciendo "You see her, you can't touch her" parecía Freddie diciendo "I want to break free from your life, you're so self satisfied... I don't need you", así que imaginen, los que me conocen, la alegría que sentía yo en esos momentos.
Y cuando uno creía que no podía ser mejor, Alex se para frente al público, nos cuenta que el pobre Bob (el bajista) estaba deprimido, y que la siguiente canción lo animaba... ¿Para qué? En cuanto el primer acorde de Take me out sonó, el Luna Park, lleno hasta la médula, se estremeció en un grito desaforado. La gente saltaba tan alto que costaba ver el escenario... si no fuera porque yo saltaba al igual que ellos. Quien conoce el tema, sabe que, en cierto momento, la música para y la banda grita "Take me out!". ¿Pueden imaginar lo que fueron 4500 personas gritando con todas sus fuerzas esa simple frase en el momento exacto? No, claro que no pueden, tendrían que haber estado ahí para entenderlo.
Terminé agotado, afónico, sordo y chivado hasta la médula. Pero valió la pena... ahora que lo veo, sí, valió la pena...
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viernes, febrero 24, 2006
De cómo encontrar la inspiración en la ventana.
La lluvia no es, solamente, "agua que cae del cielo". Lluvia es un concepto, es un proceso, no una simple precipitación que pasa cada tanto. El acto de la lluvia, el "uia, está lloviendo" lleva consigo varias cosas, a saber: Cerrar la ventana de la pieza antes que entre agua y acordarse de entrar la ropa del balcón para que no se moje; bajar las persianas si llueve muy fuerte para que no filtre agua, y no olvidarse de la ropa; prender las luces de la casa porque ahora con todas las persianas bajas no se ve un carajo, y recordar que tenemos que entrar la ropa; poner TN para ver la temperatura al divino pedo porque con todo herméticamente cerrado, la temperatura exterior no la sentimos, pero necesitamos saberla para poder decir en voz alta "18 grados! Qué tiempo loco!", e ir al balcón a entrar la ropa; desesperarse porque la persiana del balcón, que muy fácil bajó, ahora no quiere subir, y pensar que del otro lado se está mojando la ropa; decidir que, al fin y al cabo, recién habíamos colgado la ropa, y mojada iba a estar de todas formas, fumarse un pucho, sentarse y jugarse un truquito para pasar el tiempo porque con un torrente de agua afuera nadie quiere laburar; hacer tortas fritas, aunque nadie las coma ni sepamos cómo se hacen, porque si llueve hay que hacer tortas fritas; pensar "pobres los autos que tienen que circular por la calle con esta lluvia"; reaccionar que dejamos el auto afuera; dejar de pensar en el auto de los demás y temer por la seguridad del auto propio; pelear 10 minutos consigo mismo entre si nos resignamos o lo vamos a guardar en la cochera; agarrar el piloto, el paraguas, las botas de lluvia, unas antiparras por las dudas... y guardarlos en el placard, ¿Con esta lluvia vamos a salir ahora? ¡Pero por favor!
Una vez que ya hicimos todo esto, podemos sentarnos cómodos a esperar que pase la lluvia. Armamos castillitos con las cartas, porque nadie quiere jugar más de dos partidos de Truco, y la cosa no está para una Casita Robada. Miramos el diario, agarramos una sección, la repasamos... ya la habíamos leído... agarramos otra... ¿Por qué mierda leímos el diario en el desayuno? ¡Ahora no tenemos qué leer!
Nos paramos, vamos a la biblioteca diciendo "Está para leerse algún clásico". Repasamos nuestra vasta colección de libros que, a pesar del polvo que marca su edad, probablemente nunca hayan sido leídos. Finalmente, agarramos el libro Guinness y nos ponemos a buscar quién fue el que se tiró el pedo más largo del mundo.
Escuchamos pajaritos... ¿Es que ha dejado de llover? Prendemos TN de nuevo. Santo nos dice que paró, palabra santa (cuac). Levantamos todas las persianas, abrimos todas las ventanas, guardamos el libro, dejamos las cartas tiradas total alguien las va a guardar, vamos a guardar el auto por las dudas, nos tiramos un rato a descansar, pensando en lo que tenemos que hacer mañana, y dejamos que Dios nos despierte cuando El lo crea conveniente.
Una vez que ya hicimos todo esto, podemos sentarnos cómodos a esperar que pase la lluvia. Armamos castillitos con las cartas, porque nadie quiere jugar más de dos partidos de Truco, y la cosa no está para una Casita Robada. Miramos el diario, agarramos una sección, la repasamos... ya la habíamos leído... agarramos otra... ¿Por qué mierda leímos el diario en el desayuno? ¡Ahora no tenemos qué leer!
Nos paramos, vamos a la biblioteca diciendo "Está para leerse algún clásico". Repasamos nuestra vasta colección de libros que, a pesar del polvo que marca su edad, probablemente nunca hayan sido leídos. Finalmente, agarramos el libro Guinness y nos ponemos a buscar quién fue el que se tiró el pedo más largo del mundo.
Escuchamos pajaritos... ¿Es que ha dejado de llover? Prendemos TN de nuevo. Santo nos dice que paró, palabra santa (cuac). Levantamos todas las persianas, abrimos todas las ventanas, guardamos el libro, dejamos las cartas tiradas total alguien las va a guardar, vamos a guardar el auto por las dudas, nos tiramos un rato a descansar, pensando en lo que tenemos que hacer mañana, y dejamos que Dios nos despierte cuando El lo crea conveniente.
jueves, febrero 16, 2006
De cómo ser un asquito en público.
La abuela siempre decía: "En la mesa donde se come no se apoyan los codos", "Siempre cedé el asiento ante una persona en condiciones inferiores". Los consejos de la abuela siempre nos ayudaron a ser mejor persona... ¿No es una pena que ahora nadie los recuerde y todos se comporten como si nadie los viera?
Me refiero en particular a una situación que antes me parecía rara, después me empezó a incomodar y ahora me da asquito... el otro día estaba en el auto, parado en un semáforo, y cuando giro la cabeza, un tachero se estaba metiendo el dedo en la nariz con tanta saña, que parecía que le picaba el cerebro. Ok, yo sé que capaz se estaba rascando la nariz, pero vamos, esto no es Seinfeld. El quía se estaba sacando los mocos con tal pudor, que me daban ganas de alcanzarle un pañuelito y decirle "Tomá flaco, vos lo necesitás más que yo".
Si fuera ese un hecho aislado, sería soportable... pero no, cada vez pasa con más frecuencia. Ahora parece que es lo más normal del mundo esto de sacarse los mocos con los dedos y enfrente de todos. ¿Qué falta? ¿Que hagamos bolitas de moco y las comamos frente a todos?
A mí me traumó una experiencia en la facultad, hace un par de años. Estaba cursando Algebra, y entre mis profesores, había un gordo boludo que jamás en su puta vida sirvió para algo. Cualquier pregunta que le hacías, el quía te dejaba más confundido de lo que llegaste.
Ya de por sí le tenía cierta bronca por eso, pero el colmo fue una clase en que, mientras la profesora enseñaba, el quía este se sentaba en el primer asiento... bueno, dio la casualidad de la vida que a mí se me dio por girar la cabeza en el preciso momento en que esta cosa desagradable se sacaba el moco de la nariz, y no conforme con eso, lo hacía bolita y lo tiraba al suelo. No, posta. Yo ví al quía tirar el moco al suelo como si estuviera jugando al "dedo-futbol". Desde ese día, me impuse una orden de restricción para no acercarme a menos de 10 metros de él...
Loco, en serio, dejémonos de joder, cómo nos vamos a sacar los mocos en público? Si ahora hacemos esto, es cuestión de tiempo para que sea moneda corriente ver a un tipo echarse un garco en plena calle, o hacerse una paja frente a un jardín de infantes.
Comentario al margen... Marita se volvió a España... al menos tuve la satisfacción de hacerle gastar hasta el último centavo.
Me refiero en particular a una situación que antes me parecía rara, después me empezó a incomodar y ahora me da asquito... el otro día estaba en el auto, parado en un semáforo, y cuando giro la cabeza, un tachero se estaba metiendo el dedo en la nariz con tanta saña, que parecía que le picaba el cerebro. Ok, yo sé que capaz se estaba rascando la nariz, pero vamos, esto no es Seinfeld. El quía se estaba sacando los mocos con tal pudor, que me daban ganas de alcanzarle un pañuelito y decirle "Tomá flaco, vos lo necesitás más que yo".
Si fuera ese un hecho aislado, sería soportable... pero no, cada vez pasa con más frecuencia. Ahora parece que es lo más normal del mundo esto de sacarse los mocos con los dedos y enfrente de todos. ¿Qué falta? ¿Que hagamos bolitas de moco y las comamos frente a todos?
A mí me traumó una experiencia en la facultad, hace un par de años. Estaba cursando Algebra, y entre mis profesores, había un gordo boludo que jamás en su puta vida sirvió para algo. Cualquier pregunta que le hacías, el quía te dejaba más confundido de lo que llegaste.
Ya de por sí le tenía cierta bronca por eso, pero el colmo fue una clase en que, mientras la profesora enseñaba, el quía este se sentaba en el primer asiento... bueno, dio la casualidad de la vida que a mí se me dio por girar la cabeza en el preciso momento en que esta cosa desagradable se sacaba el moco de la nariz, y no conforme con eso, lo hacía bolita y lo tiraba al suelo. No, posta. Yo ví al quía tirar el moco al suelo como si estuviera jugando al "dedo-futbol". Desde ese día, me impuse una orden de restricción para no acercarme a menos de 10 metros de él...
Loco, en serio, dejémonos de joder, cómo nos vamos a sacar los mocos en público? Si ahora hacemos esto, es cuestión de tiempo para que sea moneda corriente ver a un tipo echarse un garco en plena calle, o hacerse una paja frente a un jardín de infantes.
Comentario al margen... Marita se volvió a España... al menos tuve la satisfacción de hacerle gastar hasta el último centavo.
miércoles, febrero 08, 2006
De cómo cenar en un restaurante.
El otro día, en el tenedor libre cerca de casa, disfrutando una cena exquisita con una compañía no tanto, se me dio por pensar en las curiosidades que afrontamos cuando decidimos que ya tenemos demasiados platos acumulados, y vamos a comer a un restaurante. Este pensamiento, si les soy honesto, me vino al contemplar una botella de Mirinda.
¿Se pusieron a pensar en los malabares que tenemos que hacer cuando vamos a un restaurante y pedimos una gaseosa para tomar? Siempre nos traen esas botellas de vidrio que tienen menos que un vaso, y esperan que nos duren toda la cena.
Encima los guachos saben eso, y siempre te traen primero la bebida, haciéndote esperar para la comida sin otra opción que tomar un sorbo, y acá es donde entra en juego nuestra habilidad. Tenemos la botella de Coca frente a nosotros, con el vaso casi lleno (cortesía del mozo que, por amabilidad, nos sirvió la bebida sin que se lo hayamos pedido. Para profundizar en el tema, lean el libro de Wainraich "Estoy cansado de mí").
Entonces empieza el juego de malabares. Probamos un pedazo de pan... tomamos un sorbo de Coca. Esperamos que el mozo nos tome la orden. Cuando viene, le decimos lo que queremos comer, y tomamos otro sorbo, cuidando que no se acabe lo que tenemos en el vaso, pero confiados que, de acabarse, todavía podemos llenar un vaso más con lo que queda en la botella.
Llega la entrada, y todos sabemos que una entrada no se acompaña con bebida, pero una vez que la terminamos y mientras esperamos el plato principal, terminamos el vaso y lo volvemos a llenar. No sin antes sudar un poco, claro.
Llegado el plato principal, nos llenamos el vaso y tomamos, pero siempre vertiginosamente, deseando que no se acabe, porque ya pasamos el punto límite: Aquel donde lo que queda no nos es suficiente, pero pedir otra botella sería demasiado. Este es el punto de racionalización máxima, donde cada gota es oro puro. Comemos cada bocado pensando "¿Realmente necesito bajarlo con un poco de Coca?".
Es tal el cuidado que tenemos, que para cuando terminamos de comer, en la botella todavía queda bebida y nosotros ya no tenemos sed. Puteamos ahí por aquel momento en que un buen sorbo habría venido bien, pero no lo aprovechamos.
Llega el momento de pedir la cuenta. Estamos acostumbrados a agitar el brazo como señal de que estamos firmando un cheque al aire, a pesar de que nadie paga con cheque una cena. Sin embargo, por más costumbrista que sea, algo nos dice que no tenemos que hacerlo... por alguna razón creemos que nos van a mirar raro si agitamos el brazo.
Tampoco vamos a gritar "Mozo!" bien desubicado, por lo que atinamos a hacer lo que todo hombre razonable haría. Lo miramos fijo con cara de "Necesito algo" hasta que nos mire. En cuanto gire la vista hacia nosotros, asentimos levemente con la cabeza como señal de auxilio. El mozo, acostumbrado, acude en nuestra ayuda.
Ahí, obviamente, no vamos a decirle "Mozo, la cuenta" porque suena anticuado. Simplemente vociferamos "Me cobrás?" y esperamos que venga con esa carpetita negra que solo tiene un ticket pedorro. Uno creería, entonces, que ya está a punto de irse, pero no... ahora falta que el mozo pase a recoger el dinero, y vuelta a lo mismo. Vuelta a mirarlo fijo, buscarlo entre la multitud, con cara de "vení, por favor", deseando que deje de lado la bandeja con sorrentinos, y nos dé bola.
Y culminando la velada, el momento temido, la propina. Lo he visto, la propina supone ser una recompensa por un buen trabajo (para un mayor análisis, miren "Reservoir Dogs" y un capítulo de "3rd Rock From The Sun" cuyo título no recuerdo). Sin embargo, por amabilidad, también recompensamos el mal trabajo. Eso nunca lo voy a entender. Nos atendió como el orto, y, sin embargo, "algo tenés que dejarle!".
A mí me chupa un huevo, si llega a atenderme de nuevo Walter, no le pienso dejar propina... no la merece.
Comentario al margen... ya se me pasó la indignación que sentí dos posts atrás. ¿El motivo? Este:
¿Se pusieron a pensar en los malabares que tenemos que hacer cuando vamos a un restaurante y pedimos una gaseosa para tomar? Siempre nos traen esas botellas de vidrio que tienen menos que un vaso, y esperan que nos duren toda la cena.
Encima los guachos saben eso, y siempre te traen primero la bebida, haciéndote esperar para la comida sin otra opción que tomar un sorbo, y acá es donde entra en juego nuestra habilidad. Tenemos la botella de Coca frente a nosotros, con el vaso casi lleno (cortesía del mozo que, por amabilidad, nos sirvió la bebida sin que se lo hayamos pedido. Para profundizar en el tema, lean el libro de Wainraich "Estoy cansado de mí").
Entonces empieza el juego de malabares. Probamos un pedazo de pan... tomamos un sorbo de Coca. Esperamos que el mozo nos tome la orden. Cuando viene, le decimos lo que queremos comer, y tomamos otro sorbo, cuidando que no se acabe lo que tenemos en el vaso, pero confiados que, de acabarse, todavía podemos llenar un vaso más con lo que queda en la botella.
Llega la entrada, y todos sabemos que una entrada no se acompaña con bebida, pero una vez que la terminamos y mientras esperamos el plato principal, terminamos el vaso y lo volvemos a llenar. No sin antes sudar un poco, claro.
Llegado el plato principal, nos llenamos el vaso y tomamos, pero siempre vertiginosamente, deseando que no se acabe, porque ya pasamos el punto límite: Aquel donde lo que queda no nos es suficiente, pero pedir otra botella sería demasiado. Este es el punto de racionalización máxima, donde cada gota es oro puro. Comemos cada bocado pensando "¿Realmente necesito bajarlo con un poco de Coca?".
Es tal el cuidado que tenemos, que para cuando terminamos de comer, en la botella todavía queda bebida y nosotros ya no tenemos sed. Puteamos ahí por aquel momento en que un buen sorbo habría venido bien, pero no lo aprovechamos.
Llega el momento de pedir la cuenta. Estamos acostumbrados a agitar el brazo como señal de que estamos firmando un cheque al aire, a pesar de que nadie paga con cheque una cena. Sin embargo, por más costumbrista que sea, algo nos dice que no tenemos que hacerlo... por alguna razón creemos que nos van a mirar raro si agitamos el brazo.
Tampoco vamos a gritar "Mozo!" bien desubicado, por lo que atinamos a hacer lo que todo hombre razonable haría. Lo miramos fijo con cara de "Necesito algo" hasta que nos mire. En cuanto gire la vista hacia nosotros, asentimos levemente con la cabeza como señal de auxilio. El mozo, acostumbrado, acude en nuestra ayuda.
Ahí, obviamente, no vamos a decirle "Mozo, la cuenta" porque suena anticuado. Simplemente vociferamos "Me cobrás?" y esperamos que venga con esa carpetita negra que solo tiene un ticket pedorro. Uno creería, entonces, que ya está a punto de irse, pero no... ahora falta que el mozo pase a recoger el dinero, y vuelta a lo mismo. Vuelta a mirarlo fijo, buscarlo entre la multitud, con cara de "vení, por favor", deseando que deje de lado la bandeja con sorrentinos, y nos dé bola.
Y culminando la velada, el momento temido, la propina. Lo he visto, la propina supone ser una recompensa por un buen trabajo (para un mayor análisis, miren "Reservoir Dogs" y un capítulo de "3rd Rock From The Sun" cuyo título no recuerdo). Sin embargo, por amabilidad, también recompensamos el mal trabajo. Eso nunca lo voy a entender. Nos atendió como el orto, y, sin embargo, "algo tenés que dejarle!".
A mí me chupa un huevo, si llega a atenderme de nuevo Walter, no le pienso dejar propina... no la merece.
Comentario al margen... ya se me pasó la indignación que sentí dos posts atrás. ¿El motivo? Este:
domingo, enero 15, 2006
De cómo llegó Marita a mi vida (Capítulo V)
Pasó un tiempo. El último post fue el 24 de Diciembre, tiempo bastante largo si pensamos que en el medio hubo mucha fiesta, mucha joda y mucha fiebre. Pero ni siquiera fue un mes, así que no jodan, no es para tanto. Me preguntaba cuál podría ser la mejor forma de comenzar el año en el blog, qué post habría de ser el inaugural. Y dada las circunstancias, el hecho de que no sé qué escribir, y la cercanía del re-encuentro, me pareció propicio escribir el quinto y emocionante capítulo de esta historia de nunca acabar.
Los días pasaban, y la hora de la despedida se acercaba. Sabíamos que el viaje a España ya no era una quimera, sino una realidad. Yo sentía una opresión en el pecho... ¿Tristeza? No, es que había comido mucho.
Antes de que la muchacha se retirara de nuestro bendito pais, le encomendé pasar por mi humilde hogar por última vez... había un regalo de cumpleaños que le debía, y no quería tenerlo guardando polvo por 2 años (o más, en ese entonces no lo sabía). Dicho regalo no era ninguna sorpresa, porque yo ya le había dicho qué iba a darle, y porque, me enteraría años después, a Marita... bueno... no le gustan las sorpresas... así que, una vez más en mi querido hogar, y tras un bello acto emotivo (léase, decirle "Esperá que lo busco") le entregué mi primer copia, casi reliquia, de "Mafalda Inédita". Uno creería que yo me desprendía de un artículo de gran valor sentimental para mí, sabiendo de mi fanatismo por el personaje de Quino. Pero resulta que yo había perdido ese libro, así que me lo compré de nuevo y, ley de Murphy mediante, a los días de habérmelo comprado de nuevo, lo encontré. Así que me sobraba uno, y como a mí no me gusta ocupar lugar al pedo (por eso vivo de rodillas y con los brazos cruzados), le regalé la primer edición que tenía... ¿Por qué? Porque estaba hecho mierda y le faltaban hojas, y no iba a regalarle el nuevito que tan lindo estaba.
Ah, pero para sumarle valor, le firmé la primer hoja como si yo fuera el autor, convirtiendolo así, no solo en un libro de gran caracter sentimental, sino en algo que jamás podría vender a nadie.
Y llegaba la hora de la despedida... yo le había dicho "Nos vemos en un par de años", pero ella insistió que vaya a despedirla a Ezeiza. Yo primero me resistí un poco, pero finalmente accedí... era mi oportunidad para comprar un Toblerone de los grandes.
La despedida fue emotiva, hubo llantos, risas, abrazos y mucho amor. O al menos una de ellas. Mientras todo el mundo abrazaba acongojado a Marita, yo le dí un apretón de manos al maese, porque me dio penita verlo ahí, solo, sin que nadie le diera bola, como cuando aparecía Wham! en escena y todo el mundo le daba bola a George Michael. Entonces la locutora del aeropuerto dijo "Vuelo KB32 con destino a alguna parte de España, o quizás con una escala antes, no me acuerdo, abordar por la puerta 6. Sí, ese es tu vuelo, boluda, dejá de despedirte. Y vos, maese, no te comas todo el chocolate que es para regalar". Me pareció un poco confianzuda la locutora esa, así que le dije a Marita: "Che, esa mina se fue al carajo... decile al maese que deje el chocolate y la emboque". Pero era demasiado tarde... el maese, en un ataque de ira, empezó a darle de patadas a un parlante creyendo que adentro estaba un enanito que es el que hablaba.
Finalmente, la hora llegó, Marita se subió a un avión, yo me subí al auto e IBM subió dos puntos.
Y ahora, poco más de dos años después, el cielo de Buenos Aires vive cubierto de nubes. La tormenta azota el cielo sin pudor, una y otra vez. La lluvia, asesina, cae precipitadamente al suelo mojando todo a su paso. Señal de que algo se acerca... señal de que, este jueves, Marita vuelve a Argentina...
En próximos capítulos, simplemente, sabremos qué miles y miles de locuras ocurrirán en el mes que Marita esté de nuevo en la tierra del dulce de leche y Piñón Fijo.
Continuará
Los días pasaban, y la hora de la despedida se acercaba. Sabíamos que el viaje a España ya no era una quimera, sino una realidad. Yo sentía una opresión en el pecho... ¿Tristeza? No, es que había comido mucho.
Antes de que la muchacha se retirara de nuestro bendito pais, le encomendé pasar por mi humilde hogar por última vez... había un regalo de cumpleaños que le debía, y no quería tenerlo guardando polvo por 2 años (o más, en ese entonces no lo sabía). Dicho regalo no era ninguna sorpresa, porque yo ya le había dicho qué iba a darle, y porque, me enteraría años después, a Marita... bueno... no le gustan las sorpresas... así que, una vez más en mi querido hogar, y tras un bello acto emotivo (léase, decirle "Esperá que lo busco") le entregué mi primer copia, casi reliquia, de "Mafalda Inédita". Uno creería que yo me desprendía de un artículo de gran valor sentimental para mí, sabiendo de mi fanatismo por el personaje de Quino. Pero resulta que yo había perdido ese libro, así que me lo compré de nuevo y, ley de Murphy mediante, a los días de habérmelo comprado de nuevo, lo encontré. Así que me sobraba uno, y como a mí no me gusta ocupar lugar al pedo (por eso vivo de rodillas y con los brazos cruzados), le regalé la primer edición que tenía... ¿Por qué? Porque estaba hecho mierda y le faltaban hojas, y no iba a regalarle el nuevito que tan lindo estaba.
Ah, pero para sumarle valor, le firmé la primer hoja como si yo fuera el autor, convirtiendolo así, no solo en un libro de gran caracter sentimental, sino en algo que jamás podría vender a nadie.
Y llegaba la hora de la despedida... yo le había dicho "Nos vemos en un par de años", pero ella insistió que vaya a despedirla a Ezeiza. Yo primero me resistí un poco, pero finalmente accedí... era mi oportunidad para comprar un Toblerone de los grandes.
La despedida fue emotiva, hubo llantos, risas, abrazos y mucho amor. O al menos una de ellas. Mientras todo el mundo abrazaba acongojado a Marita, yo le dí un apretón de manos al maese, porque me dio penita verlo ahí, solo, sin que nadie le diera bola, como cuando aparecía Wham! en escena y todo el mundo le daba bola a George Michael. Entonces la locutora del aeropuerto dijo "Vuelo KB32 con destino a alguna parte de España, o quizás con una escala antes, no me acuerdo, abordar por la puerta 6. Sí, ese es tu vuelo, boluda, dejá de despedirte. Y vos, maese, no te comas todo el chocolate que es para regalar". Me pareció un poco confianzuda la locutora esa, así que le dije a Marita: "Che, esa mina se fue al carajo... decile al maese que deje el chocolate y la emboque". Pero era demasiado tarde... el maese, en un ataque de ira, empezó a darle de patadas a un parlante creyendo que adentro estaba un enanito que es el que hablaba.
Finalmente, la hora llegó, Marita se subió a un avión, yo me subí al auto e IBM subió dos puntos.
Y ahora, poco más de dos años después, el cielo de Buenos Aires vive cubierto de nubes. La tormenta azota el cielo sin pudor, una y otra vez. La lluvia, asesina, cae precipitadamente al suelo mojando todo a su paso. Señal de que algo se acerca... señal de que, este jueves, Marita vuelve a Argentina...
En próximos capítulos, simplemente, sabremos qué miles y miles de locuras ocurrirán en el mes que Marita esté de nuevo en la tierra del dulce de leche y Piñón Fijo.
Continuará
sábado, diciembre 24, 2005
De cómo sentirse indignado.
Indignación. Esa es la palabra que lo describe. Lisa y llana indignación.
Espere, antes de contarle, querido lector, déjeme darle una especie de repasadita por lo que fue mi vida estas últimas semanas. Bueno, como usted sabrá (y si no lo sabe, siéntase mal por no haberse enterado), pasé la mayoría de edad... hace más de un año ya, porque acabo de cumplir 22, no 21.
22 años, señores... los dos patitos. A partir de ahora mi edad es capicúa, y debo realmente aprovecharlo, porque es algo que no se repetirá sino hasta dentro de 11 años, cuando cumpla los 33, la edad de Cristo que le dicen. Muchas cosas se pueden hacer ahora que tenés 22, como por ejemplo... eh... comprar cigarrillos... bueno, sí, eso podía hacerlo antes también, pero igual, con 22 puedo! Si tan solo fumara...
En fin. Mi cumpleaños en sí fue una catarata de buenos momentos como hace mucho que no tenía. El momento en que el reloj cambió hacia las 00:00 me encontró a mí adentro del flamante Village Caballito viendo Chicken Little (ultra recomendable). A la salida, cuando prendí el celular, el aluvión de cariño fue opacado por un mensaje de voz que me hizo gastar bastante crédito y cuyas primeras palabras susurraban "¿Cómo tenés el celular apagado, pelotudo?". Era Marita, claro, quién más podría ser?
Bueno, me han regalado varias cosas de las cuales destaco lo siguiente: El CD de la banda de sonido de Corpse Bride; una muy bonita lapicera con estuche y todo; el libro de Sebastián Wainraich "Estoy cansado de mí" (excelente!! EXCELENTE!!!) y, por supuesto, el DVD de "Charlie & The Chocolate Factory" que tanto esperaba.
¿Qué más puedo contarle de relevante? Aprobé la dichosa "Métodos Numéricos" y ahora voy por el final. Ah, y tuve la fiesta de fin de año de la editorial donde laburo en una quinta de Moreno. Muy divertida, excepto por un pequeño detallito (Marcelita, si lees esto, perdoname!!!).
Pero indignación, decía que siento... indignación no por mi cumpleaños ni por nada que tenga que ver con ello. Indignación porque llevo un año y medio esperando que una de mis bandas preferidas en la actualidad, Franz Ferdinand, venga a actuar a la Argentina. Indignación porque, cuando por fin viene, no viene solo. Indignación porque vienen como banda soporte de U2. Indignación porque U2 no me gusta. Indignación porque tengo que comprarme una carísima entrada a U2 para ver media hora de Franz Ferdinand. Indignación porque al final voy a terminar escuchándolo por radio, y me voy a arrepentir toda la vida.
Indignación. Simplemente indignación.
Las masas populares que me siguen, por favor, tómense unos minutos para abrir vuestro programa de intercambio preferido. Dirijan vuestros cursores hacia el campo de búsqueda y tipeen "Franz Ferdinand". Esperen resultados y bájense los siguientes temas, sin orden específico: "Dark of the matinee", "Take me out", "Do you want to", "Eleanor put your boots on", "40 ft", "Tell her tonight", "Michael"... bah, bájense todo, que van a poder disfrutarlo.
Indignación. Simplemente... indignación.
Ah, para mis amigos goy, y para los que no también... ¡Feliz Navidad!
Espere, antes de contarle, querido lector, déjeme darle una especie de repasadita por lo que fue mi vida estas últimas semanas. Bueno, como usted sabrá (y si no lo sabe, siéntase mal por no haberse enterado), pasé la mayoría de edad... hace más de un año ya, porque acabo de cumplir 22, no 21.
22 años, señores... los dos patitos. A partir de ahora mi edad es capicúa, y debo realmente aprovecharlo, porque es algo que no se repetirá sino hasta dentro de 11 años, cuando cumpla los 33, la edad de Cristo que le dicen. Muchas cosas se pueden hacer ahora que tenés 22, como por ejemplo... eh... comprar cigarrillos... bueno, sí, eso podía hacerlo antes también, pero igual, con 22 puedo! Si tan solo fumara...
En fin. Mi cumpleaños en sí fue una catarata de buenos momentos como hace mucho que no tenía. El momento en que el reloj cambió hacia las 00:00 me encontró a mí adentro del flamante Village Caballito viendo Chicken Little (ultra recomendable). A la salida, cuando prendí el celular, el aluvión de cariño fue opacado por un mensaje de voz que me hizo gastar bastante crédito y cuyas primeras palabras susurraban "¿Cómo tenés el celular apagado, pelotudo?". Era Marita, claro, quién más podría ser?
Bueno, me han regalado varias cosas de las cuales destaco lo siguiente: El CD de la banda de sonido de Corpse Bride; una muy bonita lapicera con estuche y todo; el libro de Sebastián Wainraich "Estoy cansado de mí" (excelente!! EXCELENTE!!!) y, por supuesto, el DVD de "Charlie & The Chocolate Factory" que tanto esperaba.
¿Qué más puedo contarle de relevante? Aprobé la dichosa "Métodos Numéricos" y ahora voy por el final. Ah, y tuve la fiesta de fin de año de la editorial donde laburo en una quinta de Moreno. Muy divertida, excepto por un pequeño detallito (Marcelita, si lees esto, perdoname!!!).
Pero indignación, decía que siento... indignación no por mi cumpleaños ni por nada que tenga que ver con ello. Indignación porque llevo un año y medio esperando que una de mis bandas preferidas en la actualidad, Franz Ferdinand, venga a actuar a la Argentina. Indignación porque, cuando por fin viene, no viene solo. Indignación porque vienen como banda soporte de U2. Indignación porque U2 no me gusta. Indignación porque tengo que comprarme una carísima entrada a U2 para ver media hora de Franz Ferdinand. Indignación porque al final voy a terminar escuchándolo por radio, y me voy a arrepentir toda la vida.
Indignación. Simplemente indignación.
Las masas populares que me siguen, por favor, tómense unos minutos para abrir vuestro programa de intercambio preferido. Dirijan vuestros cursores hacia el campo de búsqueda y tipeen "Franz Ferdinand". Esperen resultados y bájense los siguientes temas, sin orden específico: "Dark of the matinee", "Take me out", "Do you want to", "Eleanor put your boots on", "40 ft", "Tell her tonight", "Michael"... bah, bájense todo, que van a poder disfrutarlo.
Indignación. Simplemente... indignación.
Ah, para mis amigos goy, y para los que no también... ¡Feliz Navidad!
viernes, diciembre 09, 2005
De cómo combatir la piratería desde un punto de vista cómodo.
Había una vez una ciudad urbanizada, cuya ley de oferta y demanda permitía que la gente pudiera acercarse hasta un kiosco, librería, o local de cualquier índole, y adquirir diversos productos que satisfacieran (o satisficieran?) la necesidad que cada uno pudiera tener de tal o cual artilugio. Eran épocas felices, donde un Topolino se podía conseguir con tan solo acercarse a la ventana de un kiosco, o donde comprar un collar requería entrar a un joyería, comparar modelos, evaluar precios y retirarse indignado vociferando "Mejor me hago uno con clips". Eran tiempos donde, el entretenimiento casero, la diversión sana, la película de los domingos, se disfrutaba yendo al videoclub, pasando dos horas revisando los estrenos, los no estrenos y los que uno no entendía qué hacían todavía en exhibición, y retirándose, insatisfecho, con una copia de "Mira quién habla 8: Ahora adoptamos un monje tibetano". Esos tiempos están ya muy lejanos, gracias al auge de la ilegalidad, al disparo fugaz que tuvieron los precios de los productos de copia, y al ensanchamiento peatonal de la Av Corrientes que permite agregar un puestito más en la vereda jodiendole el paso a cualquiera.
Esto pensaba yo (bueno, no, en realidad pensaba cómo hace un ciego para saber cuando viene el bondi) cuando me topé con la realidad con la que convivimos. Ya no existe eso de ir a un kiosco a comprar una birome Bic azul a último momento porque la que usábamos ya realmente no tiene tinta, por más que uno la agite y le tire su aliento a cebolla que, francamente, jamás entendí cómo podía ese acto lograr que saliera más tinta, como si nuestra boca, cual pulpo en el oceano, arrojara vástagos de tinta hacia el diminuto tubito de la birome, logrando que escribamos más. No, señores, eso ya no se usa. Tampoco se usa eso de ir al videoclub a alquilar "Mi pobre angelito 5: ¿Cómo demonios llegué a Kuala Lumpur?". Ahora la onda es usar los puestos callejeros y comprar todo ahí. Deambulando por la calle podemos encontrarnos con gente que nos ofrece 3 biromes por un peso, 2 chocolatines por $0,50 o un pete por $3,50 y si le pagás justo te hace el cambio de bujías gratis.
Lo que más curiosidad me da de este hecho no es que uno pueda comprar un anillo en plena Av Rivadavia a la vista de todos, exhibiendo que uno realmente puede afrontar el gasto de una joya sin pudor a que nos vean los demás. Tampoco es el hecho de que este tipo de negocios siempre son administrados por un negro bien carbonizado con anteojos oscuros (no es eso redundante?) y gorrita. Lo que más curiosidad me da es que se exhiba a la vista de todos semejante show ilegal y no se haga nada al respecto. O sea, dibujemos la situación: Avenida Córdoba, martes, 3 de la tarde. Un auto se estaciona por dos minutos sobre el cordón izquierdo porque el dueño tiene que ir a buscar a su abuelo inválido. El señor policía, siempre dispuesto a combatir el crimen, deja de charlar con el dueño del kiosco de revistas en el cual podés comprar "Mrs Doubtfire 2" (y esto no es un chiste, se va a hacer en serio) antes que se estrene en el cine, para ir a ponerle una multa al tipo. ¿Soy yo el único que ve el problema acá? Con cara de poronga y de "ya tengo el poder" cual He-Man en su salsa, el policía discute con el dueño del auto que estaba mal estacionado y que la multa es insobornable (bueno, esa palabra puede llegar a arreglarse... como todo en este país), cuando minutos antes entablaba amable conversación con quien se caga en los derechos de autor y vende todo un videclub por $3,50 la película, 2x$5.
Esta cruzada anti-piratería de DVD en la que me manifiesto, no pasa por el hecho de que considero un acto delictivo de magnánima índole el hecho de copiar películas... pasa porque mi lectora de DVDs vieja no lee discos piratas, y si yo no puedo ver películas truchas, que nadie pueda, carajo!
Tampoco entiendo cómo, los tipos que venden relojes despertadores en la calle, se bancan el "pi pi pi pi" que hace el susodicho durante todo el día... pero eso es otra historia...
Esto pensaba yo (bueno, no, en realidad pensaba cómo hace un ciego para saber cuando viene el bondi) cuando me topé con la realidad con la que convivimos. Ya no existe eso de ir a un kiosco a comprar una birome Bic azul a último momento porque la que usábamos ya realmente no tiene tinta, por más que uno la agite y le tire su aliento a cebolla que, francamente, jamás entendí cómo podía ese acto lograr que saliera más tinta, como si nuestra boca, cual pulpo en el oceano, arrojara vástagos de tinta hacia el diminuto tubito de la birome, logrando que escribamos más. No, señores, eso ya no se usa. Tampoco se usa eso de ir al videoclub a alquilar "Mi pobre angelito 5: ¿Cómo demonios llegué a Kuala Lumpur?". Ahora la onda es usar los puestos callejeros y comprar todo ahí. Deambulando por la calle podemos encontrarnos con gente que nos ofrece 3 biromes por un peso, 2 chocolatines por $0,50 o un pete por $3,50 y si le pagás justo te hace el cambio de bujías gratis.
Lo que más curiosidad me da de este hecho no es que uno pueda comprar un anillo en plena Av Rivadavia a la vista de todos, exhibiendo que uno realmente puede afrontar el gasto de una joya sin pudor a que nos vean los demás. Tampoco es el hecho de que este tipo de negocios siempre son administrados por un negro bien carbonizado con anteojos oscuros (no es eso redundante?) y gorrita. Lo que más curiosidad me da es que se exhiba a la vista de todos semejante show ilegal y no se haga nada al respecto. O sea, dibujemos la situación: Avenida Córdoba, martes, 3 de la tarde. Un auto se estaciona por dos minutos sobre el cordón izquierdo porque el dueño tiene que ir a buscar a su abuelo inválido. El señor policía, siempre dispuesto a combatir el crimen, deja de charlar con el dueño del kiosco de revistas en el cual podés comprar "Mrs Doubtfire 2" (y esto no es un chiste, se va a hacer en serio) antes que se estrene en el cine, para ir a ponerle una multa al tipo. ¿Soy yo el único que ve el problema acá? Con cara de poronga y de "ya tengo el poder" cual He-Man en su salsa, el policía discute con el dueño del auto que estaba mal estacionado y que la multa es insobornable (bueno, esa palabra puede llegar a arreglarse... como todo en este país), cuando minutos antes entablaba amable conversación con quien se caga en los derechos de autor y vende todo un videclub por $3,50 la película, 2x$5.
Esta cruzada anti-piratería de DVD en la que me manifiesto, no pasa por el hecho de que considero un acto delictivo de magnánima índole el hecho de copiar películas... pasa porque mi lectora de DVDs vieja no lee discos piratas, y si yo no puedo ver películas truchas, que nadie pueda, carajo!
Tampoco entiendo cómo, los tipos que venden relojes despertadores en la calle, se bancan el "pi pi pi pi" que hace el susodicho durante todo el día... pero eso es otra historia...
martes, noviembre 22, 2005
De cómo sentir de verdad. Siempre. Es así. Y otros slogans...
Tema interesante de a de veras. En uno de los vastos foros a los que suelo concurrir, se empezó a discutir sobre la Coca Cola y sus ventajas/desventajas. Y me pareció interesante lo que se presentó allí. Gente que va desde un hombre que pasó 8 años sin probar una Coca, hasta un técnico químico que te analiza cada componente de la bebida, todos dejaron su opinión (incluyendo a un servidor que solamente se preguntaba si la Waldo Cola también afloja tornillos). La Coca Cola se implantó en la mente de la gente y se convirtió ya en sinónimo de gaseosa. Cuando hay que comprar una bebida, la primera que surge es Coca Cola. Ojo, soy consciente que hay gente que no toma Coca, no estoy diciendo eso... digo que si alguien dice "Compramos algo para tomar?", la primer respuesta, de cualquiera, va a ser "Compremos una Coca"... después, quizás, eventualmente se diga "No, yo prefiero mejor una Seven Up" o cosas así. Curioso es, también, que las dos bebidas más populares sean Coca y Seven Up, considerando que Seven Up es de Pepsico (creadora de Pepsi), la competencia directa de la Coca... debería ser Coca y Sprite, si queremos serle fieles a la empresa de Pemberton (sí, me fijé en Wikipedia para ver quién era el inventor de la Coca), pero no es lo importante.
La cuestión acá es que la bebida se convirtió en un estandarte. La pizza no se come con agua, con jugo de manzana o con Terma de limón. La pizza se come con Coca... o con cerveza también, pero eso es para la gente grande y los niños precoces.
Pero qué es esto de que la Coca sirve para aflojar tornillos? No, doña Rosa, no es un mito, es real. Yo lo probé, posta. La Coca es desoxidante... si tu bicicleta está teñida de un añejo colorado, pasale una virulana con Coca y va a brillar de nuevo, en serio. Al parecer, según dijo uno de estos que saben, la Coca tiene ácido fosfórico, que es lo que actúa como desoxidante, dejando los metales más brillosos que si le hubieras pasado Didi Seven. Entonces ya saben, si quieren darle una buena pulida a esa silla vieja, olvídense del WD-40... cómprense una Coca de litro y medio y denle duro a la virulana. Después celebren el éxito tomándose lo que queda en la botella.
Pero si algo hace popular a la Coca, y sin la cual esta no podría existir, es su competencia. Es Pepsi. ¿Qué sería de la Coca sin la Pepsi? Es como preguntarse qué haría Batman sin el Guasón. Qué haría Boca sin River. Qué haría Pergolini sin Tinelli. Qué haría yo sin ustedes.
Coca es lo que es, tiene el éxito que tiene, gracias al horrible sabor de la Pepsi, que hace que cualquiera que la tome diga "No, man, esto es Pepsi, dame una Coca". Incluso algunos quisquillosos que, frente a la frase del mozo "Disculpe, no tenemos Coca, puede ser Pepsi?", digan "Ah, no, mejor traeme agua, si?". Ese es el público fiel a la gaseosa por excelencia que se priva de un gusto similar para no ensuciar sus papilas gustativas con otra marca. Esa es la clase de gente que a la Coca le dice Cocucha, que se cree el cuento de que Coca inventó la figura actual de Papá Noel, que se traga eso de que la receta de la Coca es secreta y se la llevó Disney a la tumba, que cuando la Coca alcanzó un grado tope de temperatura, si ésta es muy baja, dice "No, ya se aguó, es fea"; y si es muy alta, dice "Está re caliente, ya no se puede tomar". Ese es el público de Coca Cola, señores.
Miren a qué punto habrá llegado la marca, que ya no se dice "Sí, yo tengo un amigo judio" o "Sí, yo tengo un amigo negro"... ahora se dice "Sí, yo tengo un amigo que no toma Coca Cola"... y es que, posta... yo tengo una amiga que no toma Coca Cola...
Por mi parte, me encanta la Coto Cola (o, en su defecto, su simil Ciudad del Lago Cola), y a otra cosa, mariposa.
La cuestión acá es que la bebida se convirtió en un estandarte. La pizza no se come con agua, con jugo de manzana o con Terma de limón. La pizza se come con Coca... o con cerveza también, pero eso es para la gente grande y los niños precoces.
Pero qué es esto de que la Coca sirve para aflojar tornillos? No, doña Rosa, no es un mito, es real. Yo lo probé, posta. La Coca es desoxidante... si tu bicicleta está teñida de un añejo colorado, pasale una virulana con Coca y va a brillar de nuevo, en serio. Al parecer, según dijo uno de estos que saben, la Coca tiene ácido fosfórico, que es lo que actúa como desoxidante, dejando los metales más brillosos que si le hubieras pasado Didi Seven. Entonces ya saben, si quieren darle una buena pulida a esa silla vieja, olvídense del WD-40... cómprense una Coca de litro y medio y denle duro a la virulana. Después celebren el éxito tomándose lo que queda en la botella.
Pero si algo hace popular a la Coca, y sin la cual esta no podría existir, es su competencia. Es Pepsi. ¿Qué sería de la Coca sin la Pepsi? Es como preguntarse qué haría Batman sin el Guasón. Qué haría Boca sin River. Qué haría Pergolini sin Tinelli. Qué haría yo sin ustedes.
Coca es lo que es, tiene el éxito que tiene, gracias al horrible sabor de la Pepsi, que hace que cualquiera que la tome diga "No, man, esto es Pepsi, dame una Coca". Incluso algunos quisquillosos que, frente a la frase del mozo "Disculpe, no tenemos Coca, puede ser Pepsi?", digan "Ah, no, mejor traeme agua, si?". Ese es el público fiel a la gaseosa por excelencia que se priva de un gusto similar para no ensuciar sus papilas gustativas con otra marca. Esa es la clase de gente que a la Coca le dice Cocucha, que se cree el cuento de que Coca inventó la figura actual de Papá Noel, que se traga eso de que la receta de la Coca es secreta y se la llevó Disney a la tumba, que cuando la Coca alcanzó un grado tope de temperatura, si ésta es muy baja, dice "No, ya se aguó, es fea"; y si es muy alta, dice "Está re caliente, ya no se puede tomar". Ese es el público de Coca Cola, señores.
Miren a qué punto habrá llegado la marca, que ya no se dice "Sí, yo tengo un amigo judio" o "Sí, yo tengo un amigo negro"... ahora se dice "Sí, yo tengo un amigo que no toma Coca Cola"... y es que, posta... yo tengo una amiga que no toma Coca Cola...
Por mi parte, me encanta la Coto Cola (o, en su defecto, su simil Ciudad del Lago Cola), y a otra cosa, mariposa.
sábado, noviembre 19, 2005
De cómo escuchar historias de perros.
Sí, ya sé, si no les gustaron las historias de insectos, tampoco les va a gustar esto... well, you know what? I don't care...
Alex, joven con ambiciones empresariales, consiguió su primer trabajo: Paseador de perros. Mas lo que el joven Alex ignora, es lo que trata de decir su jauría entre tanto guau guau.
Fido: Entonces le digo "Pero ese hueso no es para comer, chambón! Pertenece al museo!"
Nerón: Jajajaja, Dios... nunca me canso de oir esa historia.
Firulais: Ok, me pasó algo re loco ayer. Estoy caminando por la calle, no? Así, despreocupado, mirando qué árbol mear. Entonces de la mano de enfrente veo venir un perro igual igual a mí, chabón! Posta! Era idéntico el quía.
Bobby: Eh, Firu, sos un doberman... hay como 5000 de esos, son todos iguales.
Firulais: Dober-qué? No, man, este era igualito a mí!
Bobby: Ya sé, así son las razas, somos todos iguales.
Pichicho: Ya le salió el socialista de adentro.
Firulais: En serio? Pero entonces ese perro capaz que no era nada mío?
Bobby: Exacto
Firulais: Uhh, yo que creí que había encontrado a mi hermano gemelo...
Caruso: Che, a dónde nos está llevando este tipo?
Nerón: No sé, la otra vez dimos un par de vueltas y después, tasa tasa...
Fido: Oia... esta casa es nueva! Vamos a tener un nuevo en el grupo?
Nerón: Así parece...
Titán: Salú la barra! Soy Titán, para servirles
Nerón: Qué acelga, Titán? Yo soy Nerón, ahí tenés a Fido, Caruso, Firulais, Bobby, Pichicho y a ese de la punta le decimos "El indio", pero... no está permitido hablarle.
Titán: Uh, groso... che, dónde vamos?
Fido: No sé, recién estábamos preguntándonos lo mismo... la onda es así, por lo general damos un par de vueltas, el tipo se fuma un faso y nos lleva a casa. Antes pasamos por la placita, nos echamos un meo, un buen garco, y listo.
Titán: Fuaaa, qué lujo... mi anterior grupo era cualquiera, las salidas eran re programadas.
Pichicho: ¿En serio? ¿A dónde iban?
Titán: Y, mirá, la última vez fuimos al Luna Park a ver a Mano de Piedra Durán...
Fido: Posta? Pará... vos conocés a Lassie?
Titán: Lassie? Mmhhh... ahh, el peludito ese que siempre empieza las frases con "Viste que"?
Fido: Jajajajaja, sí, ese! Mis viejos son amigos de sus viejos, nos críamos juntos.
Titán: Sabías que es puto, no?
Fido: Noooooo, cómo?
Titán: Sí, el otro día lo ví empomándose a Prócer.
Bobby: Prócer es puto?
Titán: Si no lo es, su cara de goce estuvo muy demás...
Nerón: Bueno, muchachos, acá los dejo... Titán, un gusto.
Titán: Lo mismo digo, campeón.
Y así, uno a uno, los perros retornaron a su hogar y fingieron que sus dueños les caían bien, para poder tener comida y techo gratis.
Alex, joven con ambiciones empresariales, consiguió su primer trabajo: Paseador de perros. Mas lo que el joven Alex ignora, es lo que trata de decir su jauría entre tanto guau guau.
Fido: Entonces le digo "Pero ese hueso no es para comer, chambón! Pertenece al museo!"
Nerón: Jajajaja, Dios... nunca me canso de oir esa historia.
Firulais: Ok, me pasó algo re loco ayer. Estoy caminando por la calle, no? Así, despreocupado, mirando qué árbol mear. Entonces de la mano de enfrente veo venir un perro igual igual a mí, chabón! Posta! Era idéntico el quía.
Bobby: Eh, Firu, sos un doberman... hay como 5000 de esos, son todos iguales.
Firulais: Dober-qué? No, man, este era igualito a mí!
Bobby: Ya sé, así son las razas, somos todos iguales.
Pichicho: Ya le salió el socialista de adentro.
Firulais: En serio? Pero entonces ese perro capaz que no era nada mío?
Bobby: Exacto
Firulais: Uhh, yo que creí que había encontrado a mi hermano gemelo...
Caruso: Che, a dónde nos está llevando este tipo?
Nerón: No sé, la otra vez dimos un par de vueltas y después, tasa tasa...
Fido: Oia... esta casa es nueva! Vamos a tener un nuevo en el grupo?
Nerón: Así parece...
Titán: Salú la barra! Soy Titán, para servirles
Nerón: Qué acelga, Titán? Yo soy Nerón, ahí tenés a Fido, Caruso, Firulais, Bobby, Pichicho y a ese de la punta le decimos "El indio", pero... no está permitido hablarle.
Titán: Uh, groso... che, dónde vamos?
Fido: No sé, recién estábamos preguntándonos lo mismo... la onda es así, por lo general damos un par de vueltas, el tipo se fuma un faso y nos lleva a casa. Antes pasamos por la placita, nos echamos un meo, un buen garco, y listo.
Titán: Fuaaa, qué lujo... mi anterior grupo era cualquiera, las salidas eran re programadas.
Pichicho: ¿En serio? ¿A dónde iban?
Titán: Y, mirá, la última vez fuimos al Luna Park a ver a Mano de Piedra Durán...
Fido: Posta? Pará... vos conocés a Lassie?
Titán: Lassie? Mmhhh... ahh, el peludito ese que siempre empieza las frases con "Viste que"?
Fido: Jajajajaja, sí, ese! Mis viejos son amigos de sus viejos, nos críamos juntos.
Titán: Sabías que es puto, no?
Fido: Noooooo, cómo?
Titán: Sí, el otro día lo ví empomándose a Prócer.
Bobby: Prócer es puto?
Titán: Si no lo es, su cara de goce estuvo muy demás...
Nerón: Bueno, muchachos, acá los dejo... Titán, un gusto.
Titán: Lo mismo digo, campeón.
Y así, uno a uno, los perros retornaron a su hogar y fingieron que sus dueños les caían bien, para poder tener comida y techo gratis.
domingo, noviembre 06, 2005
De cómo estar firme junto al pueblo.
"Accidente fatal en Flores, mueren dos personas y un boliviano". Quizás el título más famoso de Crónica (aunque en realidad jamás haya existido) desde que el canal se creó. Sí, señores, hablemos de Crónica TV. En los más de 10 años que llevo teniendo televisión por cable, jamás imaginé que existiría un canal de noticias tan bizarro como lo es Crónica. Esta emisora, que comenzó siendo una extensión del famoso diario homónimo, ya desde sus comienzos se caracterizó por su poca seriedad. ¿Cuántos de ustedes confiarían en un canal que, el 22 de Septiembre, pone la primicia "Faltan 364 días para la primavera" mientras suena "Pio, pio, pa" de Ringo Bonavena de fondo?
Hasta ahí todo bien, yo seguía confiando en la seriedad del canal... aparte, tenían a Riverito, y se sabe que alguien de su majestuosidad no se prestaría para la chacota... pero no, ellos tenían que arruinarlo... porque solo un canal bizarro puede poner un titular que rece "Batman único testigo".
Este comportamiento siguió y aumentó, hasta convertir al canal en una especie de símbolo a lo bizarro. Llegó al punto tal de que un tipo amenazó con suicidarse si no lo entrevistaban las cámaras de Crónica, posta, pasó en serio. Las noticias como "Asaltan a una vieja y le comen la pastafrola" pasaron a ser marca registrada del canal. Su placa roja, con las letras blancas o rojas y esa música de trompetas se convirtió en un clásico que el gran "Cha cha cha" se animó a imitar y burlar con noticias como "Muere desnucado tratando de autochuparse".
Pero si hay algo que destaca a Crónica TV, sin lugar a dudas, es su afán por decir siempre "Fue primicia de Crónica TV", y así, en lugar de informar cómo murieron 500 personas en un accidente terrible, el canal se empecina en presumir que fueron ellos quienes lo supieron primero, como si a la gente realmente le importara eso.
En fin... mucho se podría hablar de este canal, pero los invito a ustedes, queridos amigos argentinos, a que sintonicen el mismo en sus televisores (consulten su guía de cable para saber el número correspondiente) y sean testigos de las locuras de este canal que siempre se jacta de estar "firme junto al pueblo".
Se sabe... Argentina es: Dulce de leche, Maradona, Tango... y Crónica TV.
Crédito especial a mi muy querida Virginia, lider intelectual de este post.
Hasta ahí todo bien, yo seguía confiando en la seriedad del canal... aparte, tenían a Riverito, y se sabe que alguien de su majestuosidad no se prestaría para la chacota... pero no, ellos tenían que arruinarlo... porque solo un canal bizarro puede poner un titular que rece "Batman único testigo".
Este comportamiento siguió y aumentó, hasta convertir al canal en una especie de símbolo a lo bizarro. Llegó al punto tal de que un tipo amenazó con suicidarse si no lo entrevistaban las cámaras de Crónica, posta, pasó en serio. Las noticias como "Asaltan a una vieja y le comen la pastafrola" pasaron a ser marca registrada del canal. Su placa roja, con las letras blancas o rojas y esa música de trompetas se convirtió en un clásico que el gran "Cha cha cha" se animó a imitar y burlar con noticias como "Muere desnucado tratando de autochuparse".
Pero si hay algo que destaca a Crónica TV, sin lugar a dudas, es su afán por decir siempre "Fue primicia de Crónica TV", y así, en lugar de informar cómo murieron 500 personas en un accidente terrible, el canal se empecina en presumir que fueron ellos quienes lo supieron primero, como si a la gente realmente le importara eso.
En fin... mucho se podría hablar de este canal, pero los invito a ustedes, queridos amigos argentinos, a que sintonicen el mismo en sus televisores (consulten su guía de cable para saber el número correspondiente) y sean testigos de las locuras de este canal que siempre se jacta de estar "firme junto al pueblo".
Se sabe... Argentina es: Dulce de leche, Maradona, Tango... y Crónica TV.
Crédito especial a mi muy querida Virginia, lider intelectual de este post.
jueves, noviembre 03, 2005
De cómo llegó Marita a mi vida (Capítulo IV)
Marita. Presenta todo un misterio, verdad? Generaciones la vieron pasar y pocos supieron profundizar en lo que su humanidad representaba. Su propósito. Su razón.
Hola, soy Cosme Fulanito, y esto es "De cómo llegó Marita a mi vida (Capítulo IV)".
Para la fecha en que se cumplía aproximadamente un año de la llegada de Marita a nuestras vidas, ella ya se había convertido en un condimento más en la ensalada de mi existencia. Uno no muy importante, como las gotitas de vinagre para darle sabor, pero un condimento al fin.
Dio las casualidades de la vida, que entre salidas y salidas, llegó una cierta fecha particular de Agosto donde Marita cumplía un año más de vida (en las viejas épocas donde no tenía los 23 que tiene ahora). El motivo de festejo era doble. No solo Marita se convertía en una mujer de engorrosos 21 años (mayor de edad para la ley, la constitución, y todo lo que es bueno y puro en este mundo... excepto ella misma, claro), sino que, además, estaba a punto de emprender un viaje lejano hacia otras tierras (viaje del cual hablaré en su momento). Entonces había que festejar su aniversario y su despedida, doble festejo, merecía categoría.
Fuimos a Plaza Francia, que prácticamente parece gritar "¡Categoría!". Allí, bebiendo, hacíamos un poco de tiempo para poder entrar al boliche a beber... cuando ya se nos acabó la bebida, decidimos que era hora de entrar a beber, y fuimos a Barney's, donde un curioso dinosaurio violeta nos esperaba en la puerta. Eramos 5 nada más, pero más que suficientes... uno de ellos, cabe aclarar, menor de edad.
En fin, entramos a Barney's, bailamos a la luz de la luna (se afanaron el techo!) y nuestro querido amigo Agustín, por ese entonces en sus jóvenes 15, se agarró su primer pedalín, que es una forma cariñosa de llamar al pedo monstruoso que se agarró. Era el simpático y divertido Ags de siempre, pero potenciado! Un joven que encontraba terriblemente hilarante el local "Pancheto" frente al Village. Esas cosas no pasan seguido. Y todo, vale la aclaración, por culpa de nuestra querida Marita a quien en ese entonces no pude recriminarle nada porque me había regalado Palitos de la Selva y se sabe que esa es la mejor forma de comprarme.
Superado aquél episodio, y con vagos recuerdos de esa noche, no porque yo haya tomado mucho sino porque quería usar la frase "vagos recuerdos", se acercaba ya la temerosa fecha en que Marita habría de dejar el país. Pero yo no quería despedirme de la chica sin antes conocer el habitáculo que habría de acogerla (qué mente podrida que tienen) durante tantos años de su vida, es decir, su hogar.
Acordamos que pasaría a visitar su morada una tarde de Agosto, y así ocurrió... ella me esperaba con unos sanguchitos de jamón y queso que eran, para resumirlo en una palabra, magistrales. Y con una gaseosa cola de marca pedorra, ya comentada en un post anterior.
Si se preguntan qué hicimos durante la tarde... bueno, no sean curiosos!! Pero les cuento igual: Estuvimos viendo Les Luthiers, que es prácticamente el pico de entretenimiento que dos personas como ella y yo podemos tener. También me mostró fotos de su viaje a EEUU y alguna que otra foto con los Simuladores, donde, si bien ella pensaba que yo sonreía por la envidia, en realidad me estaba cagando de risa de su cara en esas fotos...
En próximas ediciones, esta vez sí, vamos a saber del maravilloso viaje que emprendió junto al hombre de su vida (no, yo no), y de la previa a dicho viaje con el encuentro emotivo en mi ex-hogar por última vez, y el saludo de quienes la acompañamos hasta el aeropuerto.
Continuará...
Hola, soy Cosme Fulanito, y esto es "De cómo llegó Marita a mi vida (Capítulo IV)".
Para la fecha en que se cumplía aproximadamente un año de la llegada de Marita a nuestras vidas, ella ya se había convertido en un condimento más en la ensalada de mi existencia. Uno no muy importante, como las gotitas de vinagre para darle sabor, pero un condimento al fin.
Dio las casualidades de la vida, que entre salidas y salidas, llegó una cierta fecha particular de Agosto donde Marita cumplía un año más de vida (en las viejas épocas donde no tenía los 23 que tiene ahora). El motivo de festejo era doble. No solo Marita se convertía en una mujer de engorrosos 21 años (mayor de edad para la ley, la constitución, y todo lo que es bueno y puro en este mundo... excepto ella misma, claro), sino que, además, estaba a punto de emprender un viaje lejano hacia otras tierras (viaje del cual hablaré en su momento). Entonces había que festejar su aniversario y su despedida, doble festejo, merecía categoría.
Fuimos a Plaza Francia, que prácticamente parece gritar "¡Categoría!". Allí, bebiendo, hacíamos un poco de tiempo para poder entrar al boliche a beber... cuando ya se nos acabó la bebida, decidimos que era hora de entrar a beber, y fuimos a Barney's, donde un curioso dinosaurio violeta nos esperaba en la puerta. Eramos 5 nada más, pero más que suficientes... uno de ellos, cabe aclarar, menor de edad.
En fin, entramos a Barney's, bailamos a la luz de la luna (se afanaron el techo!) y nuestro querido amigo Agustín, por ese entonces en sus jóvenes 15, se agarró su primer pedalín, que es una forma cariñosa de llamar al pedo monstruoso que se agarró. Era el simpático y divertido Ags de siempre, pero potenciado! Un joven que encontraba terriblemente hilarante el local "Pancheto" frente al Village. Esas cosas no pasan seguido. Y todo, vale la aclaración, por culpa de nuestra querida Marita a quien en ese entonces no pude recriminarle nada porque me había regalado Palitos de la Selva y se sabe que esa es la mejor forma de comprarme.
Superado aquél episodio, y con vagos recuerdos de esa noche, no porque yo haya tomado mucho sino porque quería usar la frase "vagos recuerdos", se acercaba ya la temerosa fecha en que Marita habría de dejar el país. Pero yo no quería despedirme de la chica sin antes conocer el habitáculo que habría de acogerla (qué mente podrida que tienen) durante tantos años de su vida, es decir, su hogar.
Acordamos que pasaría a visitar su morada una tarde de Agosto, y así ocurrió... ella me esperaba con unos sanguchitos de jamón y queso que eran, para resumirlo en una palabra, magistrales. Y con una gaseosa cola de marca pedorra, ya comentada en un post anterior.
Si se preguntan qué hicimos durante la tarde... bueno, no sean curiosos!! Pero les cuento igual: Estuvimos viendo Les Luthiers, que es prácticamente el pico de entretenimiento que dos personas como ella y yo podemos tener. También me mostró fotos de su viaje a EEUU y alguna que otra foto con los Simuladores, donde, si bien ella pensaba que yo sonreía por la envidia, en realidad me estaba cagando de risa de su cara en esas fotos...
En próximas ediciones, esta vez sí, vamos a saber del maravilloso viaje que emprendió junto al hombre de su vida (no, yo no), y de la previa a dicho viaje con el encuentro emotivo en mi ex-hogar por última vez, y el saludo de quienes la acompañamos hasta el aeropuerto.
Continuará...
lunes, octubre 31, 2005
De cómo cumplir un añito de vida.
Señoras y señores, damas y caballeros, madame et monsieur, signori e signora... ositoko, ositaka! Me es muy grato anunciarles que en el día de la fecha, mi querido y nunca bien ponderado blog... ¡Cumple su primer añito de vida! (fanfarrias, aplausos, grititos desaforados y carteles que dicen "Villa Ortuzar está con Cosme")
Así es, hace tan solo un año, empezaba una nueva forma de ver la vida, una revolución infernal que roza la parafernalia anímica, destruyendo ríspidos parajes de lo emberbe, y glorificando magnificiencias ecuánimes de la proclamitud. Increíble que eso haya sido hace tan solo un año atrás, no?
Para quien no lo recuerde, o más aún, para quien no lo haya leído, les permito, obligo y hasta incito que relean el primer post, curiosamente uno de los pocos cuyo título no comienza con "De cómo": "Hey Ho, Let's Go!". Cabe aclarar para el usuario novato que quizás se pierda por el final del post, que este blog, otrora, se llamaba "Y dijo el Dr. Vaporeso" pero cambió su denominación hacia la actual por motivos más allá de la razón... algunos dirían que es porque se me acabaron las frases de Vaporeso... algunos tendrían razón.
Ha sido un año largo, de cambios, tribulaciones y otras palabras complicadas que suelen usarse para definir cómo fue el año. En lo personal, realmente ha pasado mucho en mi vida, pero no lo voy a contar porque nadie me preguntó.
En cuanto al blog, ha vivido sus altibajos... ha vivido la época de silencio, que no fue hace mucho; ha vivido su época de auge al principio, donde escribía posts casi diariamente; ha vivido épocas de repudio, como cuando quise hacerme el gracioso con los posts de insectos; y ha vivido otras épocas que... ¿Para qué recordarlas?
Particularmente, jamás olvidaré el post "De cómo notar la importancia del centavo" porque fue el primero, y hasta me atrevería a decir que el único, post que no tuvo ni un solo comentario... qué fracaso editorial...
A su vez, tampoco podría jamás olvidar el famoso post "De cómo llegó Marita a mi vida (Capítulo III)", no solo por ser el boom editorial con 30 comentarios (cifra hasta ahora nunca alcanzada por otro post), sino también por ser el puntapie para la carrera artística de Marita, personaje que ronda los foros desde su comienzo, y que (y esto lo juro) hizo que más de uno se pregunte si existe realmente o es un personaje inventado. Amigos, Marita existe, realmente vive en España, y el 90% de las cosas que conté en sus posts son verídicas, incluyendo la cáscara de mandarina con la cual apagaba cigarrillos.
Mucha gente, al pasar, me pregunta "Pero no, posta, las cosas que escribís de Marita no pueden ser verdad", yo les digo "Eso no es una pregunta... y se equivoca. Todo lo que digo es cierto, Marita realmente es así". Otros más osados me preguntan "Pero esta Marita, es simpática? Bah, no me importa... ¿Está buena, digo?". Yo les respondo "Hermano, plantear la belleza física por una razón superficial no es aceptado ni menos conformista. Es la belleza interior la que cuenta en tanto el exterior puede ser modificado y/o adaptado para sucumbir ante los deseos de amor interno. Y no, no está buena."
En fin... usualmente ustedes saben que en este tipo de posts se suelen agradecer a los visitantes y todas esas cosas, no? Bueno, para no ser menos...
Gracias a:
* Marita: La única persona que visita y opina en todos y cada uno de mis posts, demostrando así su eterno cariño y amor para conmigo, y su terrible tiempo libre que tiene entre manos.
* Virginia: Persona poco conocida entre los visitantes del blog, pero no por eso menos importante en mi vida. Si yo tuviera que nombrar a las dos mujeres de mi vida, estas serían sin lugar a dudas Vir y Marita. Vir es mentora, además, de varias ideas que fueron luego plasmadas en el blog (algunas con el debido crédito, otras con el creído débito).
* Ags: Así como en Seinfeld dicen "You gotta love the Drake", yo digo "You gotta love the Ags"... quizás nunca se entere que lo estoy nombrando, porque el guacho rara vez se digna a aparecer en mi blog, pero un capo el man, no se puede negar.
* Karu: Increíble, no? Esta chica nació y se originó en mi blog... la conocí gracias a él y desde entonces siempre hizo notar su aparición, hasta que se alió con Marita para hacerme la vida imposible... yo sigo esperando el tan prometido menage-a-trois que en realidad nunca me prometieron pero no me importa...
* Bárbara: Esta entra incluso menos que Ags, pero no puedo dejar de mencionarla, no solo porque en estos últimos meses se convirtió en una increíble amiga con la cual siempre me divierto, sino porque además fue la que ideó el interminable post especial de fin de año que tuvo muy poca réplica.
* Carla Conte: Por estar tan pero tan pero tan buena...
* Andrés "Lupine Wolf" Olivera: Por haber inventado La Internet Apesta y haber escrito los más hilarantes updates sobre prácticamente cualquier tema, destacando su versión de la Biblia (apenas comparable con la mía) y su Querido Diario.
* Y los demás... hubo más gente, pero no vamos a nombrar a todos... sepan que no son menos importantes que los nombrados, aunque eso parezca porque a ellos los nombré y a ustedes no...
Señores, "De la vida, y todo lo demás" (tal es el título del blog a la fecha) cumple un año de vida, quien quiera hacerme regalos, tiene mi bendición y hasta abrazo afectivo a modo de agradecimiento.
Así es, hace tan solo un año, empezaba una nueva forma de ver la vida, una revolución infernal que roza la parafernalia anímica, destruyendo ríspidos parajes de lo emberbe, y glorificando magnificiencias ecuánimes de la proclamitud. Increíble que eso haya sido hace tan solo un año atrás, no?
Para quien no lo recuerde, o más aún, para quien no lo haya leído, les permito, obligo y hasta incito que relean el primer post, curiosamente uno de los pocos cuyo título no comienza con "De cómo": "Hey Ho, Let's Go!". Cabe aclarar para el usuario novato que quizás se pierda por el final del post, que este blog, otrora, se llamaba "Y dijo el Dr. Vaporeso" pero cambió su denominación hacia la actual por motivos más allá de la razón... algunos dirían que es porque se me acabaron las frases de Vaporeso... algunos tendrían razón.
Ha sido un año largo, de cambios, tribulaciones y otras palabras complicadas que suelen usarse para definir cómo fue el año. En lo personal, realmente ha pasado mucho en mi vida, pero no lo voy a contar porque nadie me preguntó.
En cuanto al blog, ha vivido sus altibajos... ha vivido la época de silencio, que no fue hace mucho; ha vivido su época de auge al principio, donde escribía posts casi diariamente; ha vivido épocas de repudio, como cuando quise hacerme el gracioso con los posts de insectos; y ha vivido otras épocas que... ¿Para qué recordarlas?
Particularmente, jamás olvidaré el post "De cómo notar la importancia del centavo" porque fue el primero, y hasta me atrevería a decir que el único, post que no tuvo ni un solo comentario... qué fracaso editorial...
A su vez, tampoco podría jamás olvidar el famoso post "De cómo llegó Marita a mi vida (Capítulo III)", no solo por ser el boom editorial con 30 comentarios (cifra hasta ahora nunca alcanzada por otro post), sino también por ser el puntapie para la carrera artística de Marita, personaje que ronda los foros desde su comienzo, y que (y esto lo juro) hizo que más de uno se pregunte si existe realmente o es un personaje inventado. Amigos, Marita existe, realmente vive en España, y el 90% de las cosas que conté en sus posts son verídicas, incluyendo la cáscara de mandarina con la cual apagaba cigarrillos.
Mucha gente, al pasar, me pregunta "Pero no, posta, las cosas que escribís de Marita no pueden ser verdad", yo les digo "Eso no es una pregunta... y se equivoca. Todo lo que digo es cierto, Marita realmente es así". Otros más osados me preguntan "Pero esta Marita, es simpática? Bah, no me importa... ¿Está buena, digo?". Yo les respondo "Hermano, plantear la belleza física por una razón superficial no es aceptado ni menos conformista. Es la belleza interior la que cuenta en tanto el exterior puede ser modificado y/o adaptado para sucumbir ante los deseos de amor interno. Y no, no está buena."
En fin... usualmente ustedes saben que en este tipo de posts se suelen agradecer a los visitantes y todas esas cosas, no? Bueno, para no ser menos...
Gracias a:
* Marita: La única persona que visita y opina en todos y cada uno de mis posts, demostrando así su eterno cariño y amor para conmigo, y su terrible tiempo libre que tiene entre manos.
* Virginia: Persona poco conocida entre los visitantes del blog, pero no por eso menos importante en mi vida. Si yo tuviera que nombrar a las dos mujeres de mi vida, estas serían sin lugar a dudas Vir y Marita. Vir es mentora, además, de varias ideas que fueron luego plasmadas en el blog (algunas con el debido crédito, otras con el creído débito).
* Ags: Así como en Seinfeld dicen "You gotta love the Drake", yo digo "You gotta love the Ags"... quizás nunca se entere que lo estoy nombrando, porque el guacho rara vez se digna a aparecer en mi blog, pero un capo el man, no se puede negar.
* Karu: Increíble, no? Esta chica nació y se originó en mi blog... la conocí gracias a él y desde entonces siempre hizo notar su aparición, hasta que se alió con Marita para hacerme la vida imposible... yo sigo esperando el tan prometido menage-a-trois que en realidad nunca me prometieron pero no me importa...
* Bárbara: Esta entra incluso menos que Ags, pero no puedo dejar de mencionarla, no solo porque en estos últimos meses se convirtió en una increíble amiga con la cual siempre me divierto, sino porque además fue la que ideó el interminable post especial de fin de año que tuvo muy poca réplica.
* Carla Conte: Por estar tan pero tan pero tan buena...
* Andrés "Lupine Wolf" Olivera: Por haber inventado La Internet Apesta y haber escrito los más hilarantes updates sobre prácticamente cualquier tema, destacando su versión de la Biblia (apenas comparable con la mía) y su Querido Diario.
* Y los demás... hubo más gente, pero no vamos a nombrar a todos... sepan que no son menos importantes que los nombrados, aunque eso parezca porque a ellos los nombré y a ustedes no...
Señores, "De la vida, y todo lo demás" (tal es el título del blog a la fecha) cumple un año de vida, quien quiera hacerme regalos, tiene mi bendición y hasta abrazo afectivo a modo de agradecimiento.
lunes, octubre 24, 2005
De cómo mojarse porque los hombres no suelen usar paraguas.
¡Lluvia en Buenos Aires! Crónica anuncia todo lo que falta para la próxima primavera con los "Pío pío pío, pío pío pa" de fondo; la abuela se mete adentro de casa a tejer junto a la ventana mojada mientras la madre hace tortas fritas para cuando la nena vuelva del colegio. En otra parte de la ciudad, donde la imagen no es tan parecida a "Mujercitas" y se acerca más a lo que es realmente Buenos Aires, la gente se amontona por las calles, puteándose unas a otras porque todos se mojan y nadie colabora para hacer más llevadero el sufrimiento. Los autos tocan bocina a todo lo que da y aceleran sin temor con las ansias de empapar a un incauto que esté caminando por el cordón.
Quien les habla, en el día mojado de hoy, caminó diez cuadras por la avenida Rivadavia y notó las cosas que está por contar.
Vamos a empezar con lo que más me molestó porque... bueno, fue lo que más me molestó.
Yo me pregunto, y espero que alguien acá sepa proveerme una respuesta coherente y que ponga fin a mi malestar... me pregunto... ¿Por qué la gente con paraguas no nos deja caminar tranquilos a los incautos que nos atrevemos a mojarnos?
Obedeciendo a mi simple razonamiento lógico, yo camino por la calle lo más cerca posible a la pared. Elemental, mi querido Guaxon, por la pared hay techito de los miles de locales que pueblan la avenida Rivadavia, y me protejo más de la lluvia. Pues bien, que del lado de enfrente venga otro tipo tapándose el cuello con la campera como si eso fuera a protegerlo del agua me lo banco, pero que venga una vieja paqueta con un paraguas no. Escuchame, vieja, si tenés el paraguas en la mano, cuya función primordial, además de fingir que sos Chaplin, es protegerte de la lluvia... ¿Para qué mierda querés caminar abajo de los techitos? ¿Por qué no me dejás caminar a mí, que me mojo? Eso no sería tan grave si no fuera porque, además de caminar abajo del techo, también te parás a ver vidrieras, opacando, con tu enorme humanidad, prácticamente todo el lugar por el que se puede pasar.
No, si yo digo que lo peor de la lluvia no es el agua cayendo del cielo, eso es un mero efecto secundario... lo peor de la lluvia es eso que te hace desear no haber salido de casa... sea la vieja que camina con su paraguas, o sea esa maldita baldosa suelta que enchastra todo al pisarla sin querer, y te deja el pantalón como si te hubieras caído en un pozo ciego y hubieras pataleado para que la propulsión de tus piernas te elevara hasta la superficie.
Hoy tuve suerte, no pisé ninguna de esas baldosas... seguramente fue porque caminé las diez cuadras con los ojos fijos en el suelo y terror en cada paso. Quizás por eso me choqué con 3 hombres, 2 perros, un policía, 5 kioscos de diario y un poste de luz con el cartel de "Vote a Ramal"... la próxima miro para arriba y dejo mis pantalones librados a su suerte.
La lluvia en Buenos Aires es todo un acontecimiento. La lluvia te hace dejar las cosas para después con la típica excusa de "Es que con este día, quién tiene ganas?". La lluvia golpea sobre el techo de chapa al lado de mi ventana y me rompe las pelotas. La lluvia... un sentimiento, una pasión... un diluvio.
A veces me sorprendo de lo poético que resulto.
Quien les habla, en el día mojado de hoy, caminó diez cuadras por la avenida Rivadavia y notó las cosas que está por contar.
Vamos a empezar con lo que más me molestó porque... bueno, fue lo que más me molestó.
Yo me pregunto, y espero que alguien acá sepa proveerme una respuesta coherente y que ponga fin a mi malestar... me pregunto... ¿Por qué la gente con paraguas no nos deja caminar tranquilos a los incautos que nos atrevemos a mojarnos?
Obedeciendo a mi simple razonamiento lógico, yo camino por la calle lo más cerca posible a la pared. Elemental, mi querido Guaxon, por la pared hay techito de los miles de locales que pueblan la avenida Rivadavia, y me protejo más de la lluvia. Pues bien, que del lado de enfrente venga otro tipo tapándose el cuello con la campera como si eso fuera a protegerlo del agua me lo banco, pero que venga una vieja paqueta con un paraguas no. Escuchame, vieja, si tenés el paraguas en la mano, cuya función primordial, además de fingir que sos Chaplin, es protegerte de la lluvia... ¿Para qué mierda querés caminar abajo de los techitos? ¿Por qué no me dejás caminar a mí, que me mojo? Eso no sería tan grave si no fuera porque, además de caminar abajo del techo, también te parás a ver vidrieras, opacando, con tu enorme humanidad, prácticamente todo el lugar por el que se puede pasar.
No, si yo digo que lo peor de la lluvia no es el agua cayendo del cielo, eso es un mero efecto secundario... lo peor de la lluvia es eso que te hace desear no haber salido de casa... sea la vieja que camina con su paraguas, o sea esa maldita baldosa suelta que enchastra todo al pisarla sin querer, y te deja el pantalón como si te hubieras caído en un pozo ciego y hubieras pataleado para que la propulsión de tus piernas te elevara hasta la superficie.
Hoy tuve suerte, no pisé ninguna de esas baldosas... seguramente fue porque caminé las diez cuadras con los ojos fijos en el suelo y terror en cada paso. Quizás por eso me choqué con 3 hombres, 2 perros, un policía, 5 kioscos de diario y un poste de luz con el cartel de "Vote a Ramal"... la próxima miro para arriba y dejo mis pantalones librados a su suerte.
La lluvia en Buenos Aires es todo un acontecimiento. La lluvia te hace dejar las cosas para después con la típica excusa de "Es que con este día, quién tiene ganas?". La lluvia golpea sobre el techo de chapa al lado de mi ventana y me rompe las pelotas. La lluvia... un sentimiento, una pasión... un diluvio.
A veces me sorprendo de lo poético que resulto.
jueves, octubre 20, 2005
De cómo preferir viajar en subte.
En mi post anterior (bueno, el anterior al anterior) me despaché sobre las ventajas y desventajas del viaje en auto, sus consecuencias y sus virtudes, sus pros y sus contras, sus Pepsis y sus Cocas... pero no todos pueden darse el lujo de viajar en auto y vivir mis mil y un aventuras. Algunos viajan en colectivo, y es a este medio de transporte al cual me referiré ahora (y al cual ya me he referido varias veces, porque si hay algo que tienen de bueno los bondis, es que dan que hablar).
En particular, quiero señalar algo que me pasó hoy en el colectivo, y que ya me ha pasado con anterioridad... pero hoy lo recordé como para comentarlo.
Es sabido, está en la constitución, que el colectivo es el rey indiscutido de la calle, y que antes que el peatón, es él quien tiene proridad de paso. Es una ley, inapelable, indiscutible, inodora e insípida... incluso creo que hasta te lo preguntan cuando sacás el registro, la pregunta 5.
Ahora, dando uso y abuso de ese derecho, o más bien privilegio, que tienen, los colectivos se dan la opción de respetar las normas de tránsito a placer, a troche y moche que son dos personajes de dibujos animados tipo Tom y Jerry (ya lo dije esto? Me suena a chiste repetido). Y la nota de color la dan en su actitud para con el semáforo y sus devenires.
Entonces, hoy venía en el colectivo, y veo, a una cuadra, que el semáforo se pone en rojo. Mi reacción común, como conductor, es frenar, esperar que cambie a verde, imitar una batería con mis manos pegándole al volante al ritmo de la música, mirar a los autos de los costados e imaginar de qué estará discutiendo esa pareja del Megan azul. El colectivero no, no reacciona así... para él, ver un semáforo ponerse en rojo a una cuadra es una especie de desafío personal... una ofensa si se quiere... un cachetazo a guante blanco indicando "Exijo una satisfacción". Entonces acelera... sin parar, sin cesar, sin augusto, sin Cesar Augusto (entienden, no?), le da a toda máquina sin importarle el Fitito amarillo (porque todo Fitito debe ser amarillo por ley, así como todo Vivace/Spazio debe ser blanco o azul... o en su defecto rojo, otro color no existe), que cruza tranquilo porque tiene su semáforo en verde.
Ese es un lado de la moneda... el colectivero que no le importa el semáforo en rojo y acelera sin temor, pero no se olvida el freno yendo a gran velocidad con el colectivo lleno, qué porrazo de verdad (http://www.lesluthiers.org/verversion.php?ID=29). El otro lado de la moneda son los colectiveros que ven el semáforo en verde, saben que recién se puso en verde, pero van a 50 metros por minuto para darle tiempo al semáforo a cambiar.
Casualmente estos casos solamente ocurren cuando uno realmente está apurado y necesita un colectivero como el del primer caso. No, cuando uno está apurado, el colectivero detecta esa prisa y se toma su tiempo. Si está a una cuadra, va a ir más lento que taxista sin pasajero para que el semáforo pueda cambiar a rojo. Y si, llegando a la esquina, el semáforo aún no cambió, no le importa, no señor... va a quedarse detenido como si estuviera en rojo hasta el momento en que efectivamente lo esté, con el consecuente irrespeto de los automovilistas detrás de él que en ese momento se acuerdan de su madre, su hermana, su tía, su lora, su primo travesti y su mujer.
El mundo del colectivo es variado y siempre da que hablar... esto significa que voy a seguir currando con esto, todavía ni mencioné las desventuras que uno puede vivir tratando de poner 80 centavos en la maquinita...
Por cierto, se me ocurrió la forma perfecta para robar un auto sin ser atrapado (al menos no en el momento del robo). Pero la vida me hizo honesto, pucha digo.
En particular, quiero señalar algo que me pasó hoy en el colectivo, y que ya me ha pasado con anterioridad... pero hoy lo recordé como para comentarlo.
Es sabido, está en la constitución, que el colectivo es el rey indiscutido de la calle, y que antes que el peatón, es él quien tiene proridad de paso. Es una ley, inapelable, indiscutible, inodora e insípida... incluso creo que hasta te lo preguntan cuando sacás el registro, la pregunta 5.
Ahora, dando uso y abuso de ese derecho, o más bien privilegio, que tienen, los colectivos se dan la opción de respetar las normas de tránsito a placer, a troche y moche que son dos personajes de dibujos animados tipo Tom y Jerry (ya lo dije esto? Me suena a chiste repetido). Y la nota de color la dan en su actitud para con el semáforo y sus devenires.
Entonces, hoy venía en el colectivo, y veo, a una cuadra, que el semáforo se pone en rojo. Mi reacción común, como conductor, es frenar, esperar que cambie a verde, imitar una batería con mis manos pegándole al volante al ritmo de la música, mirar a los autos de los costados e imaginar de qué estará discutiendo esa pareja del Megan azul. El colectivero no, no reacciona así... para él, ver un semáforo ponerse en rojo a una cuadra es una especie de desafío personal... una ofensa si se quiere... un cachetazo a guante blanco indicando "Exijo una satisfacción". Entonces acelera... sin parar, sin cesar, sin augusto, sin Cesar Augusto (entienden, no?), le da a toda máquina sin importarle el Fitito amarillo (porque todo Fitito debe ser amarillo por ley, así como todo Vivace/Spazio debe ser blanco o azul... o en su defecto rojo, otro color no existe), que cruza tranquilo porque tiene su semáforo en verde.
Ese es un lado de la moneda... el colectivero que no le importa el semáforo en rojo y acelera sin temor, pero no se olvida el freno yendo a gran velocidad con el colectivo lleno, qué porrazo de verdad (http://www.lesluthiers.org/verversion.php?ID=29). El otro lado de la moneda son los colectiveros que ven el semáforo en verde, saben que recién se puso en verde, pero van a 50 metros por minuto para darle tiempo al semáforo a cambiar.
Casualmente estos casos solamente ocurren cuando uno realmente está apurado y necesita un colectivero como el del primer caso. No, cuando uno está apurado, el colectivero detecta esa prisa y se toma su tiempo. Si está a una cuadra, va a ir más lento que taxista sin pasajero para que el semáforo pueda cambiar a rojo. Y si, llegando a la esquina, el semáforo aún no cambió, no le importa, no señor... va a quedarse detenido como si estuviera en rojo hasta el momento en que efectivamente lo esté, con el consecuente irrespeto de los automovilistas detrás de él que en ese momento se acuerdan de su madre, su hermana, su tía, su lora, su primo travesti y su mujer.
El mundo del colectivo es variado y siempre da que hablar... esto significa que voy a seguir currando con esto, todavía ni mencioné las desventuras que uno puede vivir tratando de poner 80 centavos en la maquinita...
Por cierto, se me ocurrió la forma perfecta para robar un auto sin ser atrapado (al menos no en el momento del robo). Pero la vida me hizo honesto, pucha digo.
lunes, octubre 17, 2005
De cómo sentirse engañado por los medios.
Ahora que me mudé a un lugar mucho más comercial y menos familiero (recuérdelo, sin importar donde viva yo, Floresta es barrio de sentimientos, de amores, donde la gente se da la mano y toma un mate en la puerta mientras se juega un truquito con Venancio a las 6 de la tarde esperando que la bruja haga la comida). Decía... ¿Qué decía? Ah, sí, que ahora que me mudé a un lugar más comercial y menos familiero (recuérdelo... ¿Qué, ya lo saben?), en fin, ahora que estoy en Flores, presto, involuntariamente, más atención a todo lo que sea comercial. Es decir, a todo aquellos productos "Nuevos y renovados" que no tienen nada de nuevo y menos de renovado. El ejemplo principal que noto, y que me impulsa a escribir esto, es el tema de las gaseosas. Para empezar, sorprende ver la gran variedad de marcas que hay, con nombres que pueden ir desde la archifamosa Coca Cola, hasta Pony (altamente consumible en esta casa) o Waldo (horrible, horrible). Si bien nada puede comparar el gusto colado de la Coca, porque todos saben que ésta posee un ingrediente secreto que no es amor; hay gaseosas que hacen un sutil intento, y por supuesto, no lo logran. No sé si lo notaron, pero las gaseosas de cola se pueden dividir en dos categorías: Las que tratan de imitar a la Coca y logran algo bebible; y los que tratan de imitar la Coca y terminan fabricando un WD-40. En esta segunda tanda, por ejemplo, se incluye la Waldo ya mencionada. Eso sí, los creadores saben que su gaseosa sabe a líquido para frenos (sí, ya sé que WD-40 no es líquido para frenos, no me corrijan!), y entonces lo salvan simplemente poniendo "Gaseosa de bajas calorías". Claro, cuando uno lee eso, ya sabe que se atiene a un gusto feo y entonces todo está salvado. Si alguna vez ve una Yes Cola que no diga "Bajas calorías", estese atento, porque puede haber descubierto el sucesor de la Coca! (que no es la Pepsi, acéptenlo, la Pepsi es horrible).
Ya que hablamos de gaseosa (bueno, yo hablo, ustedes leen), quiero hacer notar algo más que me causó curiosidad... ¿Notó que ya no existen las gaseosas de 2 litros? Ahora solo existen las de 2 litros a las cuales se le agregaron un cuarto más... es decir, esas gaseosas tampoco son de 2,25 litros. No, son de 2 litros + 1/4 gratis. ¿Es algo supersticioso acaso, lo que impide vender botellas de 2 litros llanos? ¿Por qué esa obsesión por los 2 litros con obstáculos? O sea, si me querés vender de 2,25 litros todo bien, pero no me la cobres como una de 2 litros + 1/4 gratis, porque la de 2 litros no existe como para saber si saldría lo mismo.
Siempre me llama la atención esos productos que dicen "Ahora con xxx gratis". ¿Alguien habrá llevado la cuenta del precio de dicho producto antes de la promoción, como para constatar que el agregado es realmente gratuito?
Para mí, lo único realmente gratis en esta vida son los sobrecitos de shampú que vienen de vez en cuando con la revista Viva... eso sí es gratis.
Ya que hablamos de gaseosa (bueno, yo hablo, ustedes leen), quiero hacer notar algo más que me causó curiosidad... ¿Notó que ya no existen las gaseosas de 2 litros? Ahora solo existen las de 2 litros a las cuales se le agregaron un cuarto más... es decir, esas gaseosas tampoco son de 2,25 litros. No, son de 2 litros + 1/4 gratis. ¿Es algo supersticioso acaso, lo que impide vender botellas de 2 litros llanos? ¿Por qué esa obsesión por los 2 litros con obstáculos? O sea, si me querés vender de 2,25 litros todo bien, pero no me la cobres como una de 2 litros + 1/4 gratis, porque la de 2 litros no existe como para saber si saldría lo mismo.
Siempre me llama la atención esos productos que dicen "Ahora con xxx gratis". ¿Alguien habrá llevado la cuenta del precio de dicho producto antes de la promoción, como para constatar que el agregado es realmente gratuito?
Para mí, lo único realmente gratis en esta vida son los sobrecitos de shampú que vienen de vez en cuando con la revista Viva... eso sí es gratis.
viernes, octubre 14, 2005
De cómo juntar puntos para el Serviclub.
Siempre quise saber qué se siente cuando uno está manejando y de repente el auto se queda sin nafta. ¿Cómo reacciona el auto? ¿Cómo reacciona uno? Admito que nunca me ocurrió, pero lo que sí me pasó es de viajar con el mínimo de nafta. Hoy, sin ir más lejos. Si bien no me gusta la idea de que el auto se me quede clavado en plena avenida Entre Ríos un viernes a la tarde cuando el tráfico es tan pesado que uno puede jugar un partido de ajedrez con el auto de al lado sin tener que interrumpir la partida; lo que sí me gusta es esa sensación de adrenalina, ese temor fugaz que acelera el corazón... ese miedito, bah, a que se acabe la nafta en cualquier momento. Ver la lucecita prendida a todo lo que dá y que no se apaga ni aunque uno pase por un lomo de burro, que por lo general hace que la aguja salte un poquito y la luz se apague por dos segundos, suficientes para que uno diga "Bueno, entonces taaaan poca nafta no tengo". Y hoy tuve que recorrer más de 100 cuadras en un auto al que, con solo prenderle el motor, y antes de que se escuche el rugido (bueno, el ronroneo) de los motores y se prendan todos los sistemas, tiene la luz de la nafta encendida de antemano, como si te estuviera diciendo "Papi, tengo sed".
Hoy me sentía temerario, me sentía con coraje, me sentía que me olvidé de llevar guita, así que decidí viajar dichas cuadras con la luz prendida "a ver qué pasa". Y no pasó nada al final. Pero que aguantó, aguantó.
Dio la casualidad, la buena fortuna, la suerte o simplemente el hecho de que tenía un cheque, que logré cobrar un dinero antes de retornar a mi hogar. Entonces, ahora sí armado de papota, fui a la YPF más cercana y llené el tanque con mi típica cara de "Puedo pagarlo, papá, vos dale Play y no pares hasta que derrame". Me ligué 11 puntitos de Serviclub (útiles únicamente para poder cambiarlo por pilas cuando lo necesito, o eventualmente por descuentos en el cine... porque un viaje a las Bahamas no creo que logre alcanzar). Ahora sí, con el tanque lleno y el Vivace satisfecho, volví a casa... pero algo me faltaba... era esa adrenalina de vivir al límite, de correr riesgos... claro, con un tanque lleno, ¿Qué peligro podía haber? Necesitaba un desafío, alguna razón que me haga parar en cada semáforo mirando el del otro lado fijo, esperando que el semáforo de peatón se ponga en rojo y cambiando súbitamente a primera para ganarle al auto de al lado, algo con lo que yo pudiera decirme a mí mismo durante el trayecto "Vamos, un poquitito más y llegás"... ahí fue cuando me compré el laxante...
Hoy me sentía temerario, me sentía con coraje, me sentía que me olvidé de llevar guita, así que decidí viajar dichas cuadras con la luz prendida "a ver qué pasa". Y no pasó nada al final. Pero que aguantó, aguantó.
Dio la casualidad, la buena fortuna, la suerte o simplemente el hecho de que tenía un cheque, que logré cobrar un dinero antes de retornar a mi hogar. Entonces, ahora sí armado de papota, fui a la YPF más cercana y llené el tanque con mi típica cara de "Puedo pagarlo, papá, vos dale Play y no pares hasta que derrame". Me ligué 11 puntitos de Serviclub (útiles únicamente para poder cambiarlo por pilas cuando lo necesito, o eventualmente por descuentos en el cine... porque un viaje a las Bahamas no creo que logre alcanzar). Ahora sí, con el tanque lleno y el Vivace satisfecho, volví a casa... pero algo me faltaba... era esa adrenalina de vivir al límite, de correr riesgos... claro, con un tanque lleno, ¿Qué peligro podía haber? Necesitaba un desafío, alguna razón que me haga parar en cada semáforo mirando el del otro lado fijo, esperando que el semáforo de peatón se ponga en rojo y cambiando súbitamente a primera para ganarle al auto de al lado, algo con lo que yo pudiera decirme a mí mismo durante el trayecto "Vamos, un poquitito más y llegás"... ahí fue cuando me compré el laxante...
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