sábado, noviembre 06, 2004

De cómo evitar la responsabilidad (y cómo caer en ella también)

"Bueno, descanso 5 minutos más y me pongo las pilas".
Sabemos que no es así. ¿Para qué lo decimos? Porque en el momento preciso en que la parte posterior de nuestra cabeza, roza, en un movimiento uniforme y a velocidad constante, cualquier parte de la almohada, es entonces cuando cualquier promesa de obligación, responsabilidad y/o compromiso, queda automáticamente anulada, con firma y aclaración de escribano público, y de acuerdo a lo pautado por la ley 11.723 de propiedad intelectual (¿Qué? ¿Usted nunca leyó Mafalda?).
Es entonces cuando la gran paradoja del ser humano monta carpa en nuestra mente, y se hace unos bizcochitos, porque planea quedarse un tiempito. ¿Me paro y empiezo a trabajar para descansar después, o descanso ahora y después me pongo todas las pilas?.
Señores, hemos llegado a la luna, hemos descubierto el átomo, hemos bailado el moonwalk con estilo y hasta hemos creído que Mr Ed hablaba posta; pero aún no hemos podido responder esta interrogante que aqueja al hombre quizás desde tiempos inmemoriables, donde antiguos homo habilus, a la hora de hacerle honor a su nombre (a la parte de habilus, no de homo), decidían descansar primero, y luego darle pito y matraca a la lanza y el mamut, en un movimiento que luego sería capturado en la pared de una cueva, y animado por Disney mientras Goofy contaba lo que veíamos.
Yo les digo, mis estimados chichipíos, que la paradoja no lo es tal. Porque desde el mismo momento que nos la planteamos, sabemos de antemanos que el hombre, ser vago por naturaleza, va a responder primero a su instinto animal. Más precisamente al del oso, y va a entrar en un estado hibernativo de cual sólo saldrá cuando la situación realmente requiera que se ponga las pilas o lo cagan a pedos.
Sólo aquél que goza de descanso mental, que no es atormentado por voces de su interior acosándolo de estar descansando en horarios prohibidos, que arremete con responsabilidad su tarea, y que no se avergüenza de admitir sus ganas de trabajar; sólo aquél, mis amigos, es el bendecido que merece respeto, cariño, y amor.
Listo, ya escribí el post, me voy a dormir.

"Aprende de la primavera, que antecede al verano y precede al invierno, y no lo anda diciendo por ahí."

1 comentario:

Pato Ñato dijo...

Debo admitir, confesar, enfatizar y descansar (luego de tantas acciones), que eso es totamente cierto. Lo acredito como prueba viviente de ello, y le doy 4 ñatines a esta nota.

Un cálido cuac.